Hay acuerdos que no son solo acuerdos. A partir del número 41 de la revista Gràffica iniciamos una colaboración con Fedrigoni que se va a extender durante todo 2026 y que, sinceramente, nos devuelve algo que echábamos de menos: la posibilidad de trabajar el papel con continuidad, con calma y con ganas de probar cosas.

Para nosotros, que seguimos entendiendo la revista como un objeto —algo que se toca, que se guarda, que se revisita— esto es importante. El papel no es un detalle técnico, es parte del lenguaje. Y en un momento en el que el mercado está especialmente inestable, poder contar con una base sólida es casi un lujo.
Esa base es Fedrigoni Arena Natural Smooth de 120 gramos, el papel que vamos a utilizar en el interior durante todo el año. Y aquí me apetece detenerme un poco más, porque merece la pena.
El Arena es un papel editorial excelente. Responde muy bien en impresión, pero lo que más nos ha sorprendido es cómo trabaja los negros. Hay profundidad, hay consistencia, pero sin perder definición. En este número, además, hemos trabajado con tintas UVI, lo que refuerza todavía más ese comportamiento.
Y hay un detalle que, personalmente, me ha llamado mucho la atención. Los textos de los pies de foto, con cuerpos muy pequeños y trazos muy finos, han aguantado de una manera impecable. Sin empastes, sin pérdida de legibilidad. Es de esas cosas que no siempre se ven a primera vista, pero que cuando funcionan, marcan la diferencia. La verdad es que estamos bastante impresionados.

El acabado smooth —esa suavidad que casi no se ve pero sí se siente— aporta una delicadeza muy agradable en lectura. No molesta, no compite, pero está ahí.
No es la primera vez que utilizamos este papel en la revista Gràffica. Ya lo conocíamos. Pero ahora hay algo distinto: lo vamos a usar durante todo el año. Y eso, personalmente, me da mucha tranquilidad. Nos da estabilidad. Nos permite saber desde dónde partimos en cada número. Nos asegura que no vamos a bajar la calidad, pase lo que pase fuera.
Y creo que eso también es importante para quien está al otro lado. Saber que, al menos en el interior, hay una coherencia, un estándar claro.
La portada, en cambio, es donde vamos a jugar.
En este número hemos trabajado con Sirio Limone 290 gramos, un papel que ya desde el color plantea otra actitud. Aquí el soporte no es neutro. Tiene presencia. Y además ha respondido muy bien a procesos exigentes como el stamping y la tinta negra secada en UVI. De hecho, ha funcionado a la primera, algo que no siempre ocurre cuando fuerzas un material.

Esa combinación —estabilidad en el interior y libertad en la portada— es, en el fondo, lo que define este acuerdo.
Porque durante todo 2026 vamos a utilizar la revista como un campo de pruebas real. Vamos a experimentar con papeles de la gama Fedrigoni, con acabados, con tintas, con procesos. Troqueles, barnices, relieves… todo lo que nos permita entender mejor el material con el que trabajamos.
Y hacerlo con tiempo. Sin la presión de tener que resolver cada número como algo aislado. Poder construir una línea, probar, ajustar y seguir.
Para nosotros, que somos bastante obsesivos con el papel, esto es casi un regalo. Volver a tener un espacio donde jugar —pero jugar en serio—.
Pequeños homenajes que están ahí
Hay otra capa en este número que me apetecía compartir. El amarillo de la portada no es casual. Es un homenaje bastante claro al FontBook, el Digital Typeface Compendium. Esa especie de biblia amarilla que muchos recordarán de finales de los noventa y principios de los dos mil. Un objeto que, de alguna manera, nos enseñó a mirar la tipografía de otra forma.
Y luego hay detalles más sutiles. La manera en la que aparece la palabra “Tipografía”, con esos pequeños vacíos, tiene algo de las hojas de Letraset. De esas láminas donde cada letra que usabas desaparecía y dejaba un hueco. Donde componer también implicaba gestionar la ausencia.
Son cosas pequeñas. Probablemente mucha gente no las vea. Pero están ahí. Y forman parte de cómo entendemos esto.
En el fondo, lo que empieza con el número 41 de la revista Gràffica es un año entero para experimentar con el papel. Para probar, para afinar, para descubrir cosas nuevas y compartirlas.
Y sí, tiene muy buena pinta. Ah, y una última cosa. Suscríbete. Porque todo esto solo tiene sentido si hay gente al otro lado que lo sostiene.















