BEDA, la asociación que agrupa a más de 50 organizaciones profesionales y entidades de promoción del diseño de 28 países europeos, ha difundido en sus redes una convocatoria de la Munich Creative Business Week para encontrar la instalación para su edición de 2027. Hasta ahí, nada especialmente extraño. El problema aparece al entrar en las condiciones: para optar al encargo, los diseñadores deben desarrollar gratuitamente una propuesta con concepto, planos, visualizaciones, necesidades técnicas, proveedores, costes y planificación. Solo el seleccionado será contratado. Es decir, trabajo especulativo promocionado precisamente por una organización que dice defender el valor profesional del diseño en Europa.
BEDA también ha publicado la convocatoria en su propia web, donde invita a los profesionales a «enviar su concepto» y promete que el proyecto seleccionado alcanzará una amplia audiencia.
Sería una convocatoria más dentro de las muchas oportunidades que circulan cada semana por el sector si no fuera porque, al abrir las condiciones, aquello que se presenta como una oportunidad empieza a parecerse demasiado a una práctica que las asociaciones profesionales llevan décadas denunciando: diseñar primero y confiar después en ser el elegido para cobrar.
Y aquí es donde la participación de BEDA resulta difícil de entender.
BEDA —Bureau of European Design Associations— no es una institución europea, ni un organismo público encargado de representar oficialmente a todos los diseñadores del continente, ni sus responsables han sido elegidos por el conjunto de la profesión. Es una asociación más bien un club fundado en 1969 que reúne actualmente a más de 50 organizaciones de 28 países, entre ellas asociaciones profesionales, entidades de promoción del diseño y organismos financiados con fondos públicos.

Lo que MCBW pide antes de contratar a nadie
La convocatoria no la organiza BEDA. Conviene dejarlo claro. Procede de Bayern Design, organización alemana miembro de BEDA y responsable desde 2012 de la Munich Creative Business Week.
El problema no es, por tanto, que BEDA haya organizado un concurso especulativo, sino que haya decidido darle difusión y legitimidad desde una organización cuya razón de ser incluye fortalecer el diseño y defender su valor profesional.
No se pide únicamente un portfolio, una trayectoria profesional o unas pocas líneas explicando una posible dirección creativa. Se pide desarrollar una propuesta específica.
Los participantes deben concebir una instalación interactiva alrededor de SIGNAL — NOISE, escribir su concepto, plantear cómo funcionará y proponer incluso su ubicación preferente en el centro de Múnich. También deben entregar planos o dibujos con dimensiones aproximadas y visualizaciones mediante bocetos, renders o modelos.

La candidatura debe incorporar consideraciones de sostenibilidad, necesidades de electricidad, agua o iluminación, proveedores necesarios —impresores, constructores de stands, vehículos de transporte…—, pesos aproximados, primeras estimaciones estructurales y normas DIN cuando sean aplicables, costes aproximados de construcción y un calendario provisional de desarrollo y ejecución.
Esto es claramente un trabajo especulativo –spec work-. Algo que el International Council of Design define precisamente como prácticas especulativas de trabajo profesional realizado gratuitamente, o por una cantidad nominal, con la expectativa de obtener una posible compensación futura y, con frecuencia, en competencia con otros profesionales. Su posición es explícita: recomienda evitar estas prácticas y considera especialmente problemáticas las competiciones que solicitan trabajo nuevo sin remunerarlo. Incluso sostiene que las asociaciones profesionales y organismos dedicados a promocionar el diseño no deberían apoyar ni participar en este tipo de concursos.

30.000 euros que no son 30.000 euros de honorarios
MCBW sí aporta dinero al proyecto seleccionado: un máximo de 30.000 euros. Ese dato puede hacer pensar inicialmente que estamos ante una convocatoria bien remunerada. Pero el briefing vuelve a introducir un matiz fundamental: los 30.000 euros deben cubrir la totalidad de la instalación, desde la idea, el concepto, el desarrollo, la planificación y las visualizaciones hasta su producción, montaje, entrega, mantenimiento y desmontaje. También deben incluir equipamiento técnico, iluminación y los costes derivados de la propia ejecución. No existe posibilidad de renegociar ese límite.
La instalación, además, debe ser interactiva y accesible; poder ser utilizada simultáneamente por varias personas; funcionar en exteriores; resistir viento, lluvia y vandalismo; resultar visible tanto con mucha como con poca luz; permanecer instalada entre diez días y cuatro semanas y, preferentemente, mantenerse accesible las 24 horas. También debe ser especialmente fotogénica porque MCBW quiere utilizarla en prensa, vídeo y redes sociales.
¿Puede hacerse por 30.000 euros? Probablemente dependerá del proyecto. Sería poco riguroso afirmar que es imposible. Lo que sí parece razonable preguntar es cuánto queda para remunerar realmente al estudio después de pagar materiales, proveedores, fabricación, transporte, tecnología, montaje, asistencia y desmontaje.
En el briefing, MCBW explica que, por tratarse de un festival descentralizado, «visibility [is] our most valuable currency»: la visibilidad es su moneda más valiosa. También se enumera en el brief lo que recibe el seleccionado: «Visibility», «Media reach», colaboración y un «Portfolio Project».
Es difícil imaginar una expresión menos apropiada para una convocatoria profesional de diseño. Durante años, asociaciones, colegios y organizaciones profesionales han intentado combatir precisamente la idea de que la visibilidad pueda sustituir a los honorarios. Y no porque la visibilidad carezca de valor, sino porque la exposición pública es un beneficio adicional de un trabajo profesional, no su moneda.
Pero incluso ese debate afecta únicamente al ganador. Los demás participantes ni siquiera obtendrán necesariamente esa visibilidad: habrán pensado, diseñado, dibujado, renderizado, calculado y presupuestado una instalación que nunca llegará a producirse.
Las convocatorias especulativas existen y seguirán existiendo mientras empresas, instituciones y los propios diseñadores continúen aceptándolas. Lo verdaderamente preocupante aquí es quién decide amplificarlas.











