Generar una imagen que falta, resolver una transición o corregir el color de varias escenas sin tener que ajustar cada plano desde cero. La inteligencia artificial empieza a integrarse en los procesos habituales de edición audiovisual, no tanto para sustituir al profesional como para quitarle de encima algunas de las tareas más repetitivas. Exploramos cómo funcionan los Tableros de Adobe Firefly y las nuevas herramientas generativas de Premiere, y qué posibilidades ofrecen para trabajar con mayor agilidad sin renunciar al control creativo.
Hay algo que cualquier profesional de la edición audiovisual conoce bien: no siempre dedicamos la mayor parte del tiempo a montar el vídeo que queremos hacer. Muchas veces, las horas desaparecen buscando referencias, organizando archivos, corrigiendo pequeñas diferencias de iluminación o intentando resolver ese plano que olvidamos grabar. Son tareas necesarias, pero que pueden consumir una parte considerable del proceso creativo.
Adobe está incorporando la IA generativa directamente en sus flujos de trabajo creativos a través de Creative Cloud. Y no se trata únicamente de generar imágenes o vídeos a partir de instrucciones de texto, sino de incorporar la IA a los programas que los profesionales ya utilizan habitualmente, evitando tener que recurrir constantemente a aplicaciones externas para resolver problemas concretos.
La compañía lleva varios años avanzando en esta dirección. En Gràffica ya explicamos cómo Photoshop comenzó a integrar la inteligencia artificial generativa de Firefly, permitiendo añadir, eliminar o modificar elementos de una imagen mediante instrucciones. Ahora, algunas de las novedades más interesantes llegan al terreno audiovisual, con herramientas que conectan las primeras fases de ideación con el montaje y la postproducción.
Para entender sus posibilidades, podemos imaginar un encargo sencillo: crear una pequeña pieza audiovisual sobre una ciudad, una exposición o un proyecto cultural. Tenemos fotografías, varias secuencias grabadas y una idea de lo que queremos contar. El objetivo es convertir todo ese material en un vídeo coherente, resolviendo los problemas que aparezcan durante el proceso sin perder el control sobre el resultado.

De la idea al primer montaje
Todo proyecto audiovisual comienza mucho antes de abrir un programa de edición. Hay que buscar referencias, seleccionar imágenes, definir un estilo visual y decidir cómo vamos a contar la historia. Es una fase fundamental, pero también una de las que más tiempo consume, especialmente cuando necesitamos explorar diferentes propuestas antes de encontrar una dirección creativa.
Para facilitar este proceso, Adobe ha desarrollado los Tableros de Firefly (Firefly Boards), un espacio de trabajo visual donde podemos reunir referencias, generar imágenes mediante inteligencia artificial y organizar nuestras primeras ideas. Su funcionamiento recuerda al de un moodboard tradicional, pero con la posibilidad de crear nuevas propuestas visuales a partir de las imágenes que incorporamos.
Por ejemplo, si estamos preparando un vídeo sobre arquitectura o una visita a diferentes espacios culturales, podemos importar fotografías, explorar tratamientos de iluminación y color, generar alternativas y organizar las imágenes en un pequeño storyboard. Todo ello dentro de un mismo entorno, sin necesidad de recurrir constantemente a diferentes aplicaciones.
La principal ventaja es que podemos probar diferentes caminos creativos antes de comenzar la producción, comparar resultados y descartar propuestas con mayor rapidez. Eso sí, generar más alternativas no significa necesariamente encontrar mejores soluciones. El criterio para seleccionar las imágenes, construir una narrativa y decidir qué queremos comunicar sigue estando en manos del profesional.
Una vez definida la dirección visual, podemos pasar a Adobe Premiere para organizar las secuencias y comenzar el montaje. Además, la integración entre ambas aplicaciones permite importar recursos seleccionados en Firefly Boards directamente a Premiere, incluso como una secuencia lista para editar. De esta manera, las primeras exploraciones visuales pueden convertirse en material de trabajo sin necesidad de reconstruir todo el proyecto desde cero.

El plano que falta
A cualquiera que haya editado un vídeo le habrá pasado: tenemos el montaje prácticamente terminado, pero nos falta un plano para conectar dos escenas, una transición no termina de funcionar o necesitamos una imagen que no grabamos en su momento. Hasta ahora, resolver estas situaciones podía implicar volver a grabar, buscar recursos en bancos de imágenes o dedicar demasiado tiempo a encontrar una alternativa.
Con la nueva herramienta Medios generativos de Adobe Premiere, buena parte de ese proceso puede resolverse directamente desde la línea de tiempo. El funcionamiento es relativamente sencillo: seleccionamos el espacio donde necesitamos incorporar el nuevo contenido, describimos mediante una instrucción de texto qué queremos generar y elegimos el modelo de inteligencia artificial que vamos a utilizar, entre ellos Adobe Firefly y otros modelos compatibles.
Una de las funciones más interesantes es la posibilidad de utilizar fotogramas del propio proyecto como referencias visuales. De esta manera, si necesitamos crear una transición entre dos escenas, podemos indicar fotogramas de referencia para orientar la generación. También podemos utilizar imágenes que ayuden a mantener la iluminación, el estilo o la composición del material original. El resultado es un nuevo clip que se incorpora al montaje y que podemos seguir editando sin cambiar de aplicación.
Pensemos, por ejemplo, en un vídeo sobre una visita a varios centros culturales de Copenhague. Tenemos imágenes de los edificios, sus interiores y diferentes detalles arquitectónicos, pero nos falta una secuencia que conecte dos espacios. En lugar de interrumpir el flujo creativo, los editores pueden explorar si el contenido generado mediante IA podría ayudar a conectar la secuencia, utilizando sus propias imágenes como referencia visual y manteniendo el control sobre qué se incluye finalmente en el montaje.
Naturalmente, generar un plano no garantiza que funcione a la primera. La continuidad, el movimiento, la coherencia visual y la credibilidad del resultado siguen necesitando supervisión. Además, cuando trabajamos con lugares reales o contenidos documentales, la transparencia sobre qué se ha grabado y qué se ha generado mediante IA cobra cada vez más importancia, lo que convierte la procedencia y la atribución en aspectos esenciales a tener en cuenta. Pero ahí está precisamente el interés de esta integración: la inteligencia artificial permite explorar soluciones dentro del propio proceso de montaje, mientras el editor conserva la decisión sobre qué imágenes utilizar, cuáles descartar y cómo construir la secuencia definitiva.

Unificar el color
Uno de los problemas habituales al editar un vídeo es conseguir que todas las imágenes mantengan una coherencia visual. Podemos haber grabado en exteriores, interiores o bajo condiciones de iluminación completamente distintas. El resultado son secuencias con diferencias de temperatura, exposición y contraste que, si no se corrigen, pueden romper la continuidad del montaje. Igualar el aspecto de todos esos planos puede convertirse en una de las tareas más laboriosas de la postproducción.
Para agilizar este proceso, Adobe está desarrollando un nuevo Modo de color para Premiere, disponible actualmente en versión beta, que incorpora un entorno específico para la corrección y gradación cromática. Su objetivo es simplificar los ajustes de imagen, facilitar el trabajo sobre grupos de clips y ofrecer un mayor control visual sin abandonar el programa de edición.
El funcionamiento permite combinar herramientas automáticas y ajustes profesionales. Podemos utilizar Color automático para realizar una primera corrección de exposición y equilibrio cromático, mientras que el nuevo Modo de color incorpora controles para intervenir sobre temperatura, matiz, contraste y otros parámetros. También permite organizar correcciones y estilos que afectan a clips individuales, grupos o secuencias completas. No se trata de que todas las imágenes queden perfectamente igualadas con un botón, sino de disponer de herramientas que reduzcan parte del trabajo repetitivo y faciliten los ajustes posteriores.
Imaginemos, por ejemplo, un reportaje audiovisual sobre diferentes espacios culturales de Copenhague. Una escena está grabada a plena luz del día, otra en el interior de un museo con iluminación artificial y una tercera durante el atardecer. Premiere permite aplicar correcciones iniciales y trabajar sobre diferentes planos de forma coordinada, facilitando después los ajustes necesarios para construir una estética coherente sin eliminar las particularidades de cada espacio.
Y es que corregir el color no consiste únicamente en hacer que las imágenes se parezcan, sino en decidir qué atmósfera queremos transmitir. La automatización puede resolver una parte técnica del proceso, pero la dirección artística sigue siendo una decisión humana. Esa es, en definitiva, la aportación más interesante de estas nuevas herramientas: dedicar menos tiempo a operaciones mecánicas y más a construir el lenguaje visual de cada proyecto.
La integración entre Firefly y Premiere apunta hacia una forma de trabajar en la que la inteligencia artificial deja de ser una herramienta aislada para intervenir en diferentes momentos del proceso creativo. Desde las primeras referencias hasta el montaje y la corrección final, el objetivo es reducir las interrupciones y mantener la continuidad del trabajo.
Esto no significa que todos los procesos sean automáticos ni que la tecnología resuelva cualquier dificultad. Generar recursos consume tiempo, puede requerir varias iteraciones y no siempre proporciona resultados utilizables. Pero la verdadera ventaja no está en eliminar el trabajo del editor, sino en darle más opciones para resolverlo.
Porque, al final, la cuestión no es cuántas imágenes puede generar una inteligencia artificial, sino qué hacemos con ellas. La tecnología puede ayudarnos a encontrar ese plano que falta, corregir una escena o explorar distintas posibilidades visuales. Pero decidir qué queremos contar, cómo construir el relato y cuándo una pieza está terminada continúa siendo una responsabilidad creativa. Y probablemente esa sea la parte del trabajo a la que más tiempo deberíamos dedicar.













