Durante años, WhatsApp fue ese improbable oasis digital donde uno podía hablar con su madre, su jefe y sus amigos sin que un algoritmo lo interrumpiera con ofertas de zapatillas o cursos de trading. Pero el pasado 16 de junio, Meta —propietaria de la aplicación desde 2014— anunció que esa paz tendrá matices: la pestaña de Novedades (donde viven los Estados y los Canales) se convertirá en terreno fértil para la publicidad. ¿Y los chats privados? Por ahora, inmunes.
El anuncio no vino acompañado de fuegos artificiales, sino de una infografía sobria que presentaba tres nuevas vías de monetización: suscripciones a canales, canales promocionados en el buscador y anuncios en los Estados. Todo confinado a Novedades, una zona que opera como un jardín apartado del núcleo sagrado de la mensajería. Meta lo subrayó: “si solo usas WhatsApp para chatear con amigos y familia, nada cambiará”.