Aleix Camps, creador de Típics, ha lanzado un concurso para que artistas, ilustradores y diseñadores propongan una pieza vinculada a Les Santes de Mataró y aplicable a camisetas, pañuelos, gorras u otros productos de su marca. La recompensa anunciada es un 10% de las ventas, siempre que el diseño gane, se produzca y llegue a venderse. Una fórmula sin riesgo para quien convoca, pero con mucho trabajo gratuito para quienes participan.

La escena es tan habitual que casi cansa explicarla. Una marca necesita una solución gráfica. En lugar de encargarla, pagarla y asumir el riesgo normal de cualquier actividad comercial, abre un concurso. Pide a artistas, ilustradores, diseñadores gráficos o simplemente a personas con inquietudes creativas que envíen sus propuestas. Después selecciona unas cuantas, las muestra a su audiencia, deja que la comunidad vote y finalmente produce la pieza ganadora. Todo muy cercano. Todo muy participativo. Todo muy de redes. Pero también todo muy viejo.
En este caso, quien convoca es Aleix Camps, creador de contenido y responsable de Típics, una marca vinculada a productos de identidad catalana y cultura popular. La excusa elegida es Les Santes de Mataró, una fiesta mayor con una enorme carga simbólica y afectiva para la ciudad. En el reel, Camps se dirige a su audiencia con una frase que ya debería activar todas las alarmas del sector creativo: «¿Eres artista? Esto te interesa».
A continuación, plantea el concurso. La idea es que sus seguidores diseñen una pieza relacionada con la festa major y con el universo visual de Típics. Puede ser una camiseta, un pañuelo, una gorra o «lo que tú quieras». La marca pondrá a disposición de los participantes algunos elementos de branding —colores, tipografías, estilo— y recibirá los diseños por correo. Después, el equipo de Típics escogerá cuatro finalistas, los publicará en redes y la audiencia decidirá cuál es el ganador.

¿Y qué se lleva quien gane? Según explica Camps, el 10% de todo lo que vendan.
La frase puede parecer atractiva si se escucha deprisa. Incluso puede sonar moderna: una especie de colaboración abierta entre una marca pequeña y su comunidad. Pero basta detenerse un momento para entender el problema. Típics quiere vender productos. Para vender productos necesita diseño. Y en lugar de contratar a una persona o a un estudio, lanza una convocatoria para que muchas personas trabajen gratis con la esperanza de que una sola, si gana, cobre un porcentaje de unas ventas futuras e inciertas.
El negocio, para quien convoca, es impecable. No paga por la fase creativa. No asume el coste de probar caminos. No remunera la ideación. No garantiza una cantidad mínima. Obtiene propuestas, genera conversación, activa a su comunidad, convierte el proceso en contenido y, además, mide qué diseño gusta más antes de producirlo. Si el producto funciona, gana. Si no funciona, tampoco pierde demasiado.
El riesgo lo asumen los demás.
Ahí está la trampa. No en que una marca pequeña quiera hacer una colección especial. No en que alguien quiera celebrar Les Santes. No en que un creador de contenido active a su comunidad. El problema está en trasladar el coste del trabajo creativo a quienes participan, mientras la marca conserva la capacidad de decidir, producir y vender.
Porque diseñar una camiseta, un pañuelo o una gorra no es simplemente tener una ocurrencia. Implica entender un contexto, trabajar una idea, resolver una gráfica, adaptarla a soportes, prever su reproducción, cuidar su relación con una identidad visual, evitar conflictos de derechos y conseguir que funcione como producto. Todo eso es trabajo. Y el trabajo, incluso cuando nace del entusiasmo, se paga.
ACTUALIZACIÓN:














