Hace veinte años que Bilbao BBK Live ocupa cada verano Kobetamendi y, con motivo de un aniversario que resuena con la misma intensidad que el festival, se presenta una nueva identidad visual concebida como un universo simbólico donde naturaleza, cultura y experiencia colectiva se entrelazan en un mismo relato. La dirección creativa y el diseño del proyecto han sido desarrollados por Eider Corral y Josema Carrillo, con diseño tipográfico de Laura Meseguer, diseño sonoro de Isabel Fernández Reviriego, diseño audiovisual de Álvaro Quecedo y motion graphics de Josu Ávila.

La identidad visual construye una mitología que toma como punto de partida la cosmogonía vasca, la naturaleza, el paganismo y la sostenibilidad para transformar el festival en un territorio suspendido entre lo real y lo mágico. Toda una declaración de intenciones tan sugerente como irresistible.
La narrativa se despliega a partir de un conjunto de símbolos: las dos lunas, la montaña suspendida, los cuerpos y los animales, que conforman un potente imaginario. Este dialoga, entre otras referencias, con Paraíso de Vicente Ameztoy, una obra que representa ese instante previo a la pérdida de la inocencia, cuando todo permanece aún en equilibrio. Esa idea del umbral, del tránsito entre la potencialidad y la experiencia, atraviesa buena parte del discurso visual concebido para celebrar el vigésimo aniversario del festival.
Es precisamente en este contexto donde la tipografía adquiere un papel protagonista. Bajo la dirección creativa de Eider Corral y Josema Carrillo, Laura Meseguer diseña Sumendi, una tipografía a medida destinada a unificar toda la comunicación y dotar al festival de una voz tipográfica propia.
Diseñada específicamente para responder a las necesidades de un festival musical internacional, Sumendi combina una construcción ligeramente condensada con un marcado carácter expresivo. Sus proporciones optimizan el espacio disponible y le permiten convivir con extensos carteles de artistas, soportes digitales, merchandising o señalética. Esta decisión responde a lo que el propio equipo denomina el «problema Tetris»: conseguir que largas listas de artistas (lineup) encajen de forma eficiente sin que las líneas resulten visualmente inestables. El predominio de las mayúsculas refuerza todavía más esa estrategia. Las composiciones se convierten en auténticos bloques tipográficos, compactos y rítmicos.

La familia se articula en dos variantes complementarias: Plain, pensada para una lectura clara y versátil, y Loud, una versión más contundente y expresiva destinada a titulares y grandes formatos. Formalmente, la familia combina la racionalidad de los modelos grotescos y geométricos con un conjunto de recursos que le otorgan una identidad singular. Los cortes angulares, las contracciones, los terminales quebrados o las sutiles ink traps evocan la geografía de Kobetamendi y trasladan al lenguaje tipográfico la tensión entre naturaleza y artificio que recorre toda la identidad visual.
Por último, la programación OpenType, lejos de limitarse a resolver cuestiones técnicas, incorpora mecanismos que enriquecen el comportamiento de la tipografía y refuerzan la personalidad gráfica del festival. Las ligaduras y los caracteres alternativos aportan una variación sutil que hace los textos más orgánicos, mientras que la automatización de recursos propios de la marca, como los logotipos BBK y LIVE, o determinados ajustes de puntuación, asegura la consistencia del sistema en cualquiera de sus aplicaciones.
Como todo rito, el festival vuelve cada año para transformarse. En su vigésimo aniversario, ese proceso de renovación toma la forma de un regalo: un nuevo lenguaje visual para seguir ampliando el imaginario que convierte a Kobetamendi en un lugar mágico durante unos días cada verano. Quienes hemos tenido la suerte de vivirlo sabemos que esa experiencia comienza mucho antes de que suene la primera nota.
















