A veces pasa. A veces lo que parecía imposible sucede. Revertir un concurso abusivo no es fácil, pero cada vez que se consigue queda demostrado que la presión funciona, que la denuncia sirve y que la profesión no tiene por qué aceptar como normal aquello que la desprecia.
De vez en cuando pasa. De vez en cuando, lo que parece imposible sucede. Y me refiero a revertir un concurso. Hace unos días una empresa pastelera, un hotel y un centro de arte o galería —que ya les vale— presentaron un concurso infame. Nosotros lo publicamos, lo difundimos, los diseñadores protestaron en redes y la presión hizo su efecto.