La duodécima edición de Serifalaris, celebrada los días 15 y 16 de mayo en Muxikebarri, volvió a convertir Getxo en un punto de encuentro para el diseño, la creatividad y la cultura visual. Bajo el concepto «El Mambo», el festival reunió a más de 600 asistentes diarios en una programación que volvió a demostrar que el diseño puede dialogar con la música, la danza, el humor, la gastronomía, la arquitectura o el arte sin perder rigor ni capacidad de sorpresa.

Hay festivales y festivales. Y luego está Serifalaris, una cita que, edición tras edición, ha ido construyendo un territorio propio dentro del mapa creativo estatal. No es solo un festival de diseño, aunque el diseño siga estando en el centro. Tampoco es únicamente un encuentro profesional, aunque por su escenario pasen algunos de los nombres más relevantes de la creatividad contemporánea. Serifalaris funciona, más bien, como una mezcla muy afinada de charla, celebración, descubrimiento y comunidad.
En esta duodécima edición, celebrada en Getxo los días 15 y 16 de mayo, el festival volvió a desplegar una programación que combinó perfiles nacionales e internacionales con una mirada amplia sobre la cultura visual. Por el escenario de Muxikebarri pasaron Porto Rocha, Pantomima Full, Raül Refree, Morag Myerscough, Catalina Estrada, Pep Carrió o Isabelita Virtual, entre otros muchos nombres. La edición contó además con Kukai Dantza, Premio Nacional de Danza, como ponente sorpresa, y con las mini-charlas de Putos Modernos en una furgoneta tuneada situada en el exterior del teatro.
Bajo el lema «El Mambo», Serifalaris articuló dos días de programación en torno a los procesos creativos, la inspiración y los cruces entre disciplinas. El resultado fue un cartel que no entendía la creatividad como una categoría cerrada, sino como una forma de mirar y producir sentido desde lugares muy distintos: el diseño gráfico, la música, el humor, la danza, la ilustración, la comunicación o la arquitectura.

Un festival que ya no cabe solo dentro del diseño gráfico
Serifalaris nació en 2011 y, con el paso de las ediciones, ha ido ampliando su campo de acción sin perder una identidad muy reconocible. Esa es quizá una de sus mayores virtudes: ha sabido crecer sin convertirse en un evento impersonal. En Getxo, el festival conserva una escala humana que permite algo cada vez menos habitual en los grandes encuentros profesionales: que los asistentes no solo consuman una programación, sino que formen parte de una experiencia compartida.
Además de las conferencias, la edición volvió a incluir mercado de diseño, firmas de libros, Campeonato de Iturris —chapas— y campeonato de pala en el frontón. Actividades que podrían parecer periféricas, pero que en Serifalaris funcionan como parte esencial del relato. No son añadidos decorativos, sino espacios donde se construye esa sensación de comunidad que el festival ha convertido en una de sus señas de identidad.
La fiesta final volvió a reforzar esa dimensión colectiva. Con concierto, ambiente de plaza y una energía que difícilmente puede replicarse en otros contextos, el cierre de Serifalaris dejó una imagen que resume bien el espíritu del festival: Peio y Marina, responsables del encuentro, repartiendo bocadillos entre los asistentes. Una escena pequeña, casi doméstica, pero muy reveladora de una manera de entender la hospitalidad que va mucho más allá de la organización técnica de un evento.

Rigor, alegría y sentido de comunidad
La edición número 12 confirma a Serifalaris como una de las citas creativas más especiales del panorama estatal. Su valor no está solo en reunir un cartel potente, sino en hacerlo desde una forma muy concreta de entender la cultura visual: con seriedad, pero sin solemnidad; con rigor, pero también con humor; con una programación ambiciosa, pero sin perder la cercanía.
En un momento en el que muchos festivales creativos tienden a parecerse entre sí, Serifalaris mantiene una personalidad difícil de copiar. Su combinación de ponencias, encuentros, actividades paralelas y celebración comunitaria lo sitúa en un lugar propio. Un festival que entiende el diseño como punto de partida, no como frontera.
La organización ya ha anunciado que en unos meses estarán disponibles las entradas para la edición de 2028 a precio reducido, una primera invitación para formar parte de un festival que, a juzgar por esta última edición, mantiene intacta su capacidad para sorprender.























