La pregunta es sencilla y directa a las asociaciones de diseño y a todos esos entes que, en teoría, deberían velar por la profesión: ¿por qué aceptáis las condiciones de concursos —o como os gusta llamarlos, “llamadas a proyecto”— que son, sencillamente, un insulto?
¿Qué os pasa? ¿Vivís de rentas? ¿No sabéis lo que cuestan las cosas? Porque da la sensación de que todo os parece bien. Que ofrecen 1.000 euros… adelante. Que piden 1.000 euros por hacer 200 cosas… adelante también. Aunque con eso no se pueda pagar ni lo básico.