El estudio Off Course ha desarrollado la estrategia, identidad y experiencia de marca de ISBE, una infraestructura blockchain impulsada por la Comunidad de Madrid, ejecutada por Alastria y financiada con fondos europeos NextGenerationEU. El proyecto de diseño parte de un problema bastante menos técnico de lo que parece: cómo explicar una tecnología compleja y regulada a empresas, administraciones y desarrolladores sin recurrir al imaginario visual habitual de la blockchain. La respuesta se articula alrededor de una idea: «el lugar de todos».

Hay tecnologías que tienen un problema incluso antes de ponerse a funcionar: cuesta explicar qué son. Blockchain es probablemente uno de los mejores ejemplos. Durante años, su representación pública ha estado ligada a criptomonedas, diagramas de nodos, candados, circuitos, fondos oscuros y una estética tecnológica que termina haciendo todavía más inaccesible aquello que pretendía explicar.
ISBE —Infraestructura de Servicios Blockchain de España— entra precisamente en ese terreno, pero con una particularidad importante. No está planteada como una red abierta y anónima al estilo de Bitcoin, sino como una infraestructura público-permisionada destinada a que empresas y administraciones puedan desarrollar servicios sobre blockchain dentro de un entorno identificado, interoperable y sujeto a regulación. El propio proyecto integra desde su diseño cuestiones relacionadas con privacidad, confidencialidad, ciberseguridad y cumplimiento normativo.
La iniciativa está liderada por la Comunidad de Madrid y se desarrolla mediante un convenio con el Consorcio Red Alastria dentro del programa de Redes Territoriales de Especialización Tecnológica del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia, financiado por la Unión Europea a través de NextGenerationEU. La infraestructura comenzó su despliegue a finales de 2025 y está concebida para extenderse progresivamente al conjunto de España.
Es ahí donde aparece Off Course Studio. El estudio asumió la estrategia de marca, la identidad verbal y visual y buena parte de su traslación al entorno digital, en colaboración con Llos& en desarrollo digital y Digital Growth en SEO y campañas. El encargo tenía una dificultad evidente: ISBE debía ser suficientemente rigurosa para hablar con una administración pública y suficientemente comprensible para dirigirse a una pyme, un desarrollador o una empresa que quizá nunca haya utilizado blockchain.

Una blockchain que no quiere parecer una blockchain
Off Course decidió trabajar precisamente contra los códigos visuales que han acompañado al sector durante los últimos años. En lugar de construir una nueva marca alrededor de la idea de tecnología futurista, seguridad inexpugnable o complejidad informática, planteó ISBE como un espacio compartido.
El concepto central es «el lugar de todos». Según explica el estudio, la intención era representar una infraestructura en la que administraciones, empresas y desarrolladores pudieran trabajar sobre un mismo sistema. Ese posicionamiento permitió convertir algunas características técnicas del proyecto —descentralización, interoperabilidad o colaboración público-privada— en una idea bastante más fácil de entender: un lugar común.
Y esa decisión se nota en la identidad.
El símbolo está formado por varias líneas que se entrelazan hasta construir una figura continua, casi orgánica, que puede leerse como una representación de la conexión entre diferentes actores. Negro, blanco, verde y violeta sustituyen buena parte de los azules corporativos y de los códigos visuales tecnológicos más previsibles. La marca emplea además una tipografía sans serif contundente, composiciones muy limpias y degradados luminosos que aparecen tanto en el entorno digital como en publicidad y aplicaciones físicas.
No es únicamente una operación estética. Una de las decisiones estratégicas más interesantes del proyecto consiste en intentar convertir aquello que normalmente parece una limitación —la regulación— en parte de la propuesta de valor.
En el mundo tecnológico, «cumplimiento normativo» no suele ser precisamente una expresión capaz de despertar demasiado entusiasmo. En ISBE, sin embargo, es una de las razones de existencia de la infraestructura. La red pretende permitir que determinados usos de blockchain puedan realizarse dentro de un marco compatible con la legislación española y europea. Off Course decidió, por tanto, no esconder esa condición detrás de un discurso de innovación, sino incorporarla al posicionamiento de la marca: la regulación deja de presentarse como el obstáculo que ralentiza la tecnología para convertirse en aquello que puede hacerla utilizable por instituciones y empresas.
El sistema se extendió después a la arquitectura de información, la web, el área privada de la plataforma, piezas audiovisuales, campañas de lanzamiento, materiales comerciales, merchandising y un brand kit pensado para mantener cierta coherencia entre los diferentes actores que participan en el proyecto. La identidad, por tanto, tenía que funcionar tanto en una interfaz técnica como en una presentación institucional o en una campaña exterior.
La infraestructura admite aplicaciones bastante más concretas de lo que suele sugerir la palabra blockchain: certificación documental, credenciales académicas verificables, trazabilidad de cadenas de suministro, pasaportes digitales de producto, verificación de proveedores, contratos entre empresas o sistemas de certificación de derechos de autor, entre otros posibles usos.


Diseñar la puerta de entrada
El caso resulta especialmente interesante desde el diseño porque desplaza el problema desde la identidad visual hacia algo anterior: la comprensión.
Una infraestructura puede estar técnicamente bien construida y, sin embargo, fracasar si quienes deberían utilizarla no entienden qué resuelve, por qué deberían confiar en ella o incluso por dónde empezar. En proyectos tecnológicos de esta escala, diseñar la marca significa también diseñar esa primera puerta de entrada.
ISBE recibió en marzo de 2026 uno de los Premios Nacionales de Ingeniería Informática del Consejo General de Colegios Profesionales de Ingeniería Informática, en la categoría de Proyecto Público, concedido ex aequo. El jurado destacó precisamente su condición de infraestructura blockchain pública y regulada y su orientación hacia el cumplimiento normativo y la validez jurídica de los procesos digitales.















