La llegada de María Ramos a la presidencia de la Asociación Galega de Deseño es, de entrada, una buena noticia: una profesional reconocida y con una acreditada capacidad de trabajo asume la responsabilidad de representar al sector. Pero lo hace en un momento en el que el asociacionismo del diseño lleva tiempo perdiendo relevancia y la propia DAG apenas reúne a 80 personas. Hablamos con ella para darle la bienvenida y conocer de primera mano qué rumbo pretende imprimir a una organización pequeña: si su mandato traerá nuevos vientos o se limitará a mantener los que ya soplan. Una tarea para la que, además de felicitaciones, seguramente necesitará apoyo, participación y cierta paciencia.

La nueva directiva de la DAG anuncia una etapa centrada en reforzar las redes profesionales, mejorar la comunicación y acercar el diseño a nuevos públicos. Son objetivos amplios. ¿Cuál será tu primera prioridad como presidenta y qué resultado concreto debería haberse alcanzado dentro de dos años para poder considerar que el mandato ha funcionado?
Dirigir una asociación como la DAG implica un compromiso, no solo personal sino también, en este caso, profesional. He estado directamente vinculada a la Asociación en los últimos ocho años y he podido observar como el contexto y la manera en la que nos comunicamos ha cambiado. Dos años es un plazo escaso para grandes cambios, pero confío en poder trabajar con el equipo en mejorar la manera cómo nos comunicamos y relacionamos entre nosotras, las personas asociadas, pero también cómo la asociación se relaciona con el resto de profesionales de diseño, con otros sectores, con las escuelas y con la sociedad en general.
Sé que los objetivos son amplios y difusos, pero apenas hemos aterrizado en la dirección para poder definir hitos más concretos. Nuestra hoja de ruta incluye estudiar como mejorar estos aspectos y poner sobre la mesa las herramientas para conseguirlo. No creemos que los cambios o mejoras que propongamos deban ejecutarse necesariamente en dos años, pero si marcar una estrategia que nos permita avanzar de manera sostenida en el tiempo, evitando la deriva de la inmediatez.
Mi valoración del mandato no dependera de alcanzar unos objetivos concretos. Ponderaré la eficiencia de nuestra actividad, el ambiente de trabajo en equipo y la percepción que consigamos atribuírle a la DAG, como entidad de valor, apoyo y referencia. Dentro de dos años volvemos a hablar y te cuento.
Las asociaciones de diseño atraviesan desde hace tiempo un problema de representatividad: una parte muy pequeña de la profesión está asociada y muchos diseñadores no perciben con claridad qué reciben a cambio de su cuota. ¿Cuál debería ser hoy la función principal de una asociación profesional y qué va a hacer la DAG para recuperar relevancia y conseguir que más diseñadores quieran formar parte de ella?
Existen dos maneras principales de ver las asociaciones profesionales: una se centra en una visión mercantilista, yo pago y a cambio yo recibo esto y esto y esto; la otra, con la que personalmente me identifico, percibe las asociaciones como una oportunidad de aportar al colectivo, un colectivo al que yo también pertenezco y del que tambien me beneficio de manera colectiva. Entre quienes se deciden a asociarse, hay también perfiles que no quieren o no pueden implicarse en la actividad de la asociación y que, igualmente, entienden su valor y por eso deciden apoyarla con el pago de su cuota.
Uno de los principales valores que siempre he percibido en la DAG es el sentimiento de pertenencia a una red de profesionales, en la que no solo se tejen colaboraciones profesionales sino también conexiones personales. Somos personas con intereses, inquietudes y problemáticas similares, en determinados momentos, nuestra visión puede ser diferente pero el debate enriquece y nos hace mejorar en diversidad y representatividad.
Desde hace algún tiempo en la DAG existen los grupos de trabajo, que funcionan de manera independiente a la Directiva y permiten trabajar en proyectos o iniciativas concretas. Hay grupos conformados por personas asociadas, como el del 20º aniversario, y otros que integran a más personas que no forman parte de la DAG, como el Arquivo do Deseño Galego o la LUGA Poster Design Biennale. Este último coorganizado con la Escuela Superior de Media Artes y Diseño de la Universidad Politécnica de Oporto y el Instituto de Investigación en Diseño, Medios y Cultura de Portugal. En estos casos, la DAG gestiona y promueve, permitiendo conectar perfiles con intereses comunes. Participar y colaborar en las actividades y proyectos de una asociación profesional no debería ser privativo de sus asociadas. No me preocupan demasiado los números, la DAG es una asociación abierta a toda persona que quiera colaborar e implicarse. Si conseguimos comunicar mejor lo que se promueve y se hace desde la Asociación su percepción también mejorará, borrando esa falsa imagen de ser un club elitista o excluyente.
Buena parte de las asociaciones culturales y profesionales dependen de subvenciones y encargos públicos para sostener sus actividades, una situación que puede limitar su autonomía. ¿Qué peso tiene actualmente la financiación pública en la DAG y existe una voluntad real de avanzar hacia una asociación autosuficiente, sostenida principalmente por sus socios, servicios y recursos propios?
La DAG es una asociación con cierto peso dentro del ecosistema de diseño español, tenemos unas 80 personas asociadas en este momento. Nuestras cuotas ordinarias no han subido desde la fundación de la Asociación, hace ya 20 años. Son estos ingresos, que provienen de las personas asociadas, los que nos permiten cubrir gastos recurrentes. Mientras, nos movemos para conseguir financiación y sufragar proyectos e iniciativas propias o, si surgen, organizadas con otras entidades. A día de hoy no contamos con ningún tipo de convenio que repercuta periodicamente en los fondos de la Asociación. Cada uno de los proyectos y actividades que ejecutamos requiere de un trabajo previo de búsqueda de apoyos económicos. Por norma general son las entidades públicas las que sufragan parte de los gastos. Las colaboraciones de caracter privado suelen ofrecer descuentos en servicios y productos o ceder espacios y recursos.
Conseguir una asociación autosuficiente sería lo deseable, pero lo veo como una meta complicada, sino imposible, en un corto periodo de tiempo.
Los concursos de diseño y las llamadas a portfolios promovidas por instituciones públicas siguen ofreciendo, en muchos casos, remuneraciones insuficientes o exigiendo trabajo especulativo. Incluso una dotación de 4.000 o 5.000 euros para un cartel puede resultar poco rentable cuando se descuentan impuestos, producción, gestión y horas de trabajo. ¿Va a reclamar la DAG unos honorarios mínimos y unas condiciones comunes para estos procesos? ¿Está dispuesta a señalar públicamente y pedir la retirada de las convocatorias que no los respeten?
Desde READ, a la que DAG percenece, se ha defendido desde hace tiempo la llamada a proyecto como una fórmula para contratar diseño, con recomendaciones generales para que el proceso sea transparente y profesional. Evidentemente, las especificaciones generales no cubren todas las casuísticas y puede suceder que estos procesos también se desvirtúen si no están correctamente gestionados o ejecutados.
Para poder valorar aspectos económicos de estas convocatorias habría que considerar múltiples factores y una amplia variedad de perfiles profesionales. ¿Es posible establecer un tarifario de precios «justos»? Por poner un ejemplo, esos 4.000 euros de los que hablas no significan lo mismo para un estudio con 10 personas empleadas en Valencia que para una diseñadora independiente en Lugo. Existen múltiples circunstancias que afectan a como valoramos un trabajo, no siempre relacionadas con el desarrollo de nuestra actividad, sino también con nuestro contexto personal y profesional.
Nuestro rechazo a los concursos y convocatorias de diseño poco profesionales, abusivos u opacos es claro. En numerosas ocasiones hemos compartido públicamente nuestro malestar y oposición a estas prácticas y seguiremos haciéndolo cuando lo consideremos necesario.
La nota de prensa de la nueva directiva habla de colaborar con organismos y entidades, pero una asociación profesional también debe fiscalizar a las administraciones, aunque hacerlo pueda poner en riesgo subvenciones o relaciones institucionales. ¿Está dispuesta la DAG a enfrentarse públicamente a una administración cuando perjudique a los diseñadores? ¿Cuáles serán sus líneas rojas para no convertirse en una entidad complaciente con quienes la financian?
Nuestros principios y objectivos como Asociación son firmes. Que una administración apoye alguno de nuestros proyectos no conlleva ninguna cláusula de silencio o penalización por crítica. Agradecemos los apoyos que recibimos en cada momento y así lo comunicamos. Pero nuestra capacidad de opinar sobre acciones e iniciativas que afecten al sector y a sus profesionales, sea quien sea la persona o entidad que las promueva, permanece intacta. La Directiva es tan solo la punta del iceberg, nos debemos a las personas asociadas y no a ninguna empresa o institución.
Tenemos claro que la DAG es una organización sin ánimo de lucro e independiente, por lo que la coerción o el enriquecimiento quedan fuera de nuestra hoja de ruta.














