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La Facultad de Ciencias de la Salud de la Universidad de Zaragoza ha abierto un concurso público para diseñar su nuevo logotipo, con un premio de 400 euros y un sistema de elección basado en votación popular entre la comunidad universitaria. La iniciativa, que se presenta como una convocatoria abierta, vuelve a poner sobre la mesa no solo las condiciones económicas del encargo, sino el mensaje que una institución formativa transmite sobre el valor del diseño y el papel de los profesionales en su propia enseñanza.

La Facultad de Ciencias de la Salud de la Universidad de Zaragoza ha decidido renovar su identidad visual mediante un concurso abierto en el que cualquier persona mayor de edad puede presentar una propuesta de logotipo, sin necesidad de acreditar formación o experiencia en diseño. El objetivo, según recogen las bases, es crear una marca que represente a la facultad y a sus tres titulaciones —Enfermería, Fisioterapia y Terapia Ocupacional—, cumpliendo además con el manual de identidad corporativa de la universidad.
El premio fijado es de 400 euros para la propuesta ganadora. A cambio, el diseño seleccionado pasará a ser propiedad de la facultad, que podrá reproducirlo, adaptarlo, modificarlo y utilizar sus elementos de forma independiente según sus necesidades. El encargo no contempla un proceso profesionalizado de contratación ni una relación directa con diseñadores o estudios especializados.
El sistema de selección establece una primera fase en la que un jurado interno, compuesto por personal académico, técnico y estudiantes, seleccionará las propuestas finalistas. Posteriormente, el logotipo ganador se decidirá mediante votación entre la comunidad universitaria. La decisión final, por tanto, no depende exclusivamente de criterios técnicos o profesionales vinculados al diseño, sino de un proceso abierto de participación.
La convocatoria plantea una forma concreta de abordar un encargo de identidad institucional: apertura total de participación, retribución única para una sola propuesta y elección final mediante votación. En ese marco, el diseño se sitúa como un proceso accesible a cualquier perfil y sujeto a validación colectiva, más que como un servicio especializado que requiere conocimiento técnico y criterio profesional.
El hecho de que este modelo se impulse desde una facultad universitaria introduce una dimensión adicional. No se trata solo de cómo se resuelve un encargo concreto, sino del tipo de relación que una institución formativa establece con las disciplinas creativas y con el valor que se les atribuye en la práctica.
La iniciativa se inscribe en una dinámica recurrente en el ámbito público, donde concursos abiertos sustituyen a encargos directos para resolver piezas de comunicación institucional. En este caso, la decisión no solo afecta al resultado visual de la facultad, sino también al marco en el que se produce y al mensaje que proyecta dentro de la propia comunidad académica.













