El Festival Internacional de Imagen de Getxo celebrará su vigésima edición del 28 de mayo al 21 de junio de 2026 con RESET como eje temático. Organizado por Begihandi, Getxophoto reivindica dos décadas de trabajo en el espacio público y anuncia una programación que combinará nuevas propuestas con la recuperación de proyectos de su propio archivo.

Getxophoto cumple 20 años. No es una cifra menor, y menos en un festival que ha hecho del espacio público una de sus señas de identidad. Desde su nacimiento en 2006, el certamen organizado por Begihandi ha exhibido obra de más de 350 artistas visuales de todo el mundo y ha convertido Getxo en un lugar de encuentro entre creación contemporánea y vida cotidiana. Esa trayectoria, según explica la organización, ha contribuido a consolidar un ecosistema que no solo muestra imagen, sino que también apoya la producción artística y su circulación social.
La edición de 2026, que se celebrará oficialmente del 28 de mayo al 21 de junio, estará atravesada por una palabra que resume bastante bien el momento: RESET. Después de las tres últimas entregas articuladas en torno a PAUSE, PLAY y REC, el festival cierra esa secuencia con la tecla que invita a reiniciar el sistema. La propuesta, comisariada por última vez por la investigadora y gestora cultural bilbaína María Ptqk, plantea una reflexión sobre el cambio, la reelaboración, el reciclaje, la reinvención y también sobre algo más delicado: qué conservar y qué dejar atrás cuando se hace balance.
La propia Ptqk lo formula en términos casi biográficos: los cumpleaños, dice, funcionan como indicadores del tiempo, momentos para decidir “qué se queda y qué se va, qué partes de nuestra historia queremos conservar y de cuáles nos despedimos”. La idea no es solo celebrar una efeméride, sino convertirla en marco conceptual. Y ahí es donde el festival parece querer ir un poco más allá del aniversario redondo: usar esos veinte años para pensar en los ciclos de la imagen, en las transformaciones de los relatos visuales y en las distintas formas de recomenzar.
La programación reunirá trabajos nuevos y también la recuperación de piezas de ediciones anteriores en nuevos emplazamientos, una decisión coherente con el tema de este año. Entre las participaciones destacadas figura Shahram Saadat, que presentará The Whale, una serie de retratos tomados en el interior de vehículos durante el paso por un túnel de lavado. También regresa Cristina de Middel, Premio Nacional de Fotografía, que vuelve a Getxophoto 17 años después con Snap Fingers and Whistle, un trabajo en el que revisita West Side Story para cuestionar tanto los códigos de la fotografía de calle como la capacidad de reinvención del lenguaje visual. A ello se suma Frederic Aranda con The Haircut, una pieza centrada en Ian McKellen y en el gesto final de desprenderse físicamente de un personaje tras una interrupción forzada de su interpretación.
El cartel de artistas de esta edición incluye además nombres como Yao Lu, Simon Weckert, Lisa Barnard, Gohar Dashti, Karolina Wojtas, Mohamed Hassan, Julieta Gil, Judith Melsió o Mohammad Rakibul, entre otros, en una selección que mezcla trayectorias consolidadas y nuevas incorporaciones. La web del festival ya muestra parte de ese programa y confirma también que varias obras del archivo volverán a activarse en esta edición, reforzando esa idea de mirar atrás no desde la nostalgia, sino desde la relectura.
En el plano visual, Studio Carles Murillo firma por séptimo año consecutivo la identidad gráfica del festival. No es un dato secundario. En un contexto en el que muchas identidades culturales cambian de manos con rapidez, la continuidad aquí parece responder a una construcción de lenguaje más que a una mera relación de proveedor y cliente. Según la nota remitida por la organización, el trabajo del estudio ha sido reconocido en varias ocasiones en los premios Laus, con galardones recientes por las campañas de las últimas ediciones de Getxophoto. La parte de motion graphics volverá a estar a cargo de Gerard Mallandrich, que repite por tercer año consecutivo.
A estas alturas, Getxophoto ya no funciona solo como una cita especializada en fotografía o imagen contemporánea. Su interés está también en cómo saca esas obras del recinto expositivo tradicional y las inserta en fachadas, calles, ascensores, jardines o espacios de paso. Esa voluntad de fricción con lo cotidiano sigue siendo uno de sus rasgos más reconocibles y, probablemente, una de las razones por las que el festival ha logrado construir una identidad propia en el panorama estatal.
Veinte años después, el aniversario no llega como una simple celebración retrospectiva. Llega, más bien, como una pregunta abierta sobre cómo reiniciar sin borrar del todo la memoria. Y en tiempos de saturación visual, de archivos infinitos y de relatos constantemente reescritos, no parece un mal tema para volver a mirar imágenes.















