La escultura Correfoc, creada por el diseñador Dani Nebot y el arquitecto Miguel Arraiz, ya ha superado sus primeras pruebas de montaje en València y está lista para iniciar su traslado al desierto de Nevada, donde se instalará este verano dentro de Burning Man.

Seleccionada entre cerca de un millar de propuestas internacionales, la pieza —una estructura de ocho metros de altura inspirada en la figura de un demonio— ha sido ensamblada por primera vez como parte de los ensayos técnicos previos a su envío por vía marítima. El proyecto ha requerido cuatro meses de desarrollo técnico y el trabajo de un equipo de quince personas. La escultura está construida con aproximadamente 2.500 kilos de madera tratada para soportar condiciones exteriores extremas y ha sido acabada con pintura fluorescente, pensada para generar un fuerte impacto visual en el entorno del festival.
“Habrá unos 2.500 kilos de madera preparada perfectamente para aguantar exterior”, explica Cristóbal Sánchez, gerente de Materializa, la empresa encargada de la construcción de la pieza. “Dani quería darle un efecto muy llamativo con una pintura flúor para que aguante perfectamente y luego se pueda quemar como tiene que ser”.
Las pruebas realizadas en València han permitido verificar que la estructura puede sostenerse durante una semana en condiciones especialmente exigentes: instalada sobre traviesas, sin cimentación y expuesta a temperaturas extremas.
Tras validar el montaje, la pieza será desmontada y enviada por mar en un paquete de nueve metros de longitud desde el puerto de València hasta Oakland, para después continuar su traslado hasta el desierto de Nevada. El siguiente ensamblaje se realizará ya directamente en el espacio del festival.
Este paso marca la transición definitiva del taller al territorio. Correfoc abandona el entorno controlado de producción para enfrentarse a un contexto donde el clima, la escala y la interacción con el público forman parte inseparable de la obra.

Diseñar con el sol, el cuerpo y el entorno
La implantación de la pieza en el desierto no es casual. Nebot ha trabajado la orientación como parte del propio proyecto: “La ubicación que vamos a tener es una ubicación que, en el eje central —en el eje del ojo de la escultura—, sea este-oeste. Queremos que el sol amanezca por el centro del ojo y que se ponga por ahí”.
La escultura no solo se observa, se recorre. El público podrá acceder a su interior y rodearla, activando su escala y su presencia desde la experiencia directa. En un contexto donde la participación es central, la pieza se plantea también como espacio de interacción y registro: un lugar pensado para ser vivido, fotografiado y compartido.
Como el resto de grandes instalaciones del Burning Man, Correfoc está concebido para desaparecer. Su quema final no es un gesto espectacular aislado, sino la culminación del proceso.
En ese sentido, la pieza mantiene el vínculo con los rituales del fuego que le dan nombre, trasladando al desierto de Nevada una lógica cultural profundamente arraigada en el Mediterráneo: el fuego como transformación, como cierre y como inicio.















