La tercera edición del Congreso Internacional de Diseño, celebrada en Elche, reunió durante dos jornadas a profesionales, empresas, juristas e instituciones para analizar los límites actuales de la protección del diseño. El encuentro dejó una conclusión clara: el registro sigue siendo necesario, pero no garantiza por sí solo una defensa efectiva ante las copias, las plataformas internacionales o los nuevos conflictos derivados de la inteligencia artificial.

Celebrado en el Auditorio del Ilustre Colegio de Abogados de Elche, el congreso abrió su programa con la entrega del Premio Trayectoria a Juan Vidal. El diseñador reivindicó la necesidad de distinguir entre la inspiración, inherente a cualquier proceso creativo, y la reproducción del trabajo ajeno para aprovecharse de su valor. «Nosotros ponemos el alma en nuestra identidad y en cada una de nuestras piezas», afirmó durante una intervención en la que también repasó su carrera.

Vidal se refirió además a la inteligencia artificial como una herramienta ya imprescindible para la moda, aunque defendió que su incorporación no debe desplazar la función creativa ni sustituir el talento humano.
Registrar no equivale a estar protegido
Uno de los debates más concretos llegó con la mesa sobre buenas prácticas empresariales, en la que participaron José Luis Segura, de Actiu; Carlos García, de Pikolinos; y Antonia Pizarro, de Rolser. Las tres compañías expusieron las dificultades jurídicas y económicas que plantea proteger productos sometidos a una evolución constante y comercializados en mercados internacionales.

Carlos García explicó que Pikolinos obtuvo una sentencia favorable frente a una copia detectada en Italia en 2022, pero no consiguió ninguna compensación económica. «Tenemos sentencia favorable, pero no tenemos ningún resarcimiento», señaló. También defendió una política selectiva: «No soy partidario de registrar todo. Registramos lo que crea valor». Antonia Pizarro insistió en que la propiedad industrial debe incorporarse desde el inicio: «Dentro del proceso de diseño está la protección». José Luis Segura abordó otro problema frecuente: las actualizaciones de un producto pueden encontrar obstáculos legales por la existencia de diseños anteriores de la propia empresa.
El congreso mostró así la distancia existente entre obtener un derecho y poder defenderlo de manera eficaz. Enrique García-Chamón, presidente de la Sección Octava de la Audiencia Provincial de Alicante, explicó la importancia del «usuario informado» y del margen de libertad del diseñador al comparar la impresión general de dos productos. La mesa sobre falsificaciones, con Juan Francisco Verdejo Moreno, de la Policía Nacional, y José Antonio Moreno Campos, de Alibaba Group, añadió las dificultades de identificar responsables, reunir pruebas digitales y coordinar a plataformas, autoridades y titulares de derechos.
La reforma europea, los aspectos funcionales del diseño y las indicaciones geográficas completaron un programa que planteó la protección como una decisión estratégica, no como un trámite final.

La IA desplaza el debate hacia la trazabilidad
La mesa dedicada a inteligencia artificial y propiedad intelectual, con Andrés Pedreño y Álvaro Cajal, examinó el paso desde las herramientas asistidas hacia sistemas capaces de explorar alternativas y tomar decisiones con una intervención humana cada vez menor. Esta evolución reabre la discusión sobre la autoría, el reconocimiento del trabajo empleado para entrenar los modelos y la posible generación masiva de diseños destinada a bloquear futuras creaciones.
Cajal puso el acento en la trazabilidad. En un uso profesional, sostuvo, no basta con obtener una imagen convincente: es necesario poder acreditar cómo se ha generado, qué herramientas han intervenido y qué licencias permiten su explotación comercial. La rapidez tecnológica no elimina la responsabilidad de estudios, empresas y clientes sobre aquello que producen y ponen en circulación.
El reconocimiento del diseño como creación intelectual también centró la mesa sobre los casos Deity y Cofemel, con Gustavo Andrés Martín Martín y Esperanza Gallego Sánchez. El debate defendió que la aportación del diseño puede trascender la función práctica o comercial del producto e incorporar originalidad y una visión creativa merecedoras de protección.

La última mesa, moderada por Víctor Palau y con Adrià Vila, José Casanova y Pepe Crespo, trasladó la discusión al terreno empresarial. Los participantes coincidieron en que el diseño no debe limitarse a comunicar una marca: también construye su significado, define su posicionamiento y aumenta su valor. Integrarlo en la estrategia exige equipos multidisciplinares y una relación más estrecha entre dirección, creatividad y gestión.
Enrique Martín-Álvarez resumió el principal problema detectado durante las jornadas: empresarios, juristas y diseñadores continúan utilizando lenguajes distintos. El cierre del congreso apuntó precisamente hacia la necesidad de superar esa distancia. Si el diseño es un activo empresarial, su protección no puede comenzar cuando aparece una copia; debe formar parte del encargo, del contrato, del desarrollo del producto y de su estrategia de comercialización.












