Como en tantos otros sectores, en branding, (o lo que es lo mismo construcción estratégica de marca), cuando se aproxima un cliente y nos pide un presupuesto para un proyecto, más allá del precio necesita entender en detalle muchas otras variables: qué vamos a hacer, cómo vamos a hacerlo, qué tiempos manejamos, quién va a estar involucrado, cómo van a ser los flujos de trabajo… Y en ocasiones hasta nos pregunta cuánto de su propio tiempo vamos a necesitar para llevar a cabo el proyecto.
Es decir, no solo necesita saber lo que le va a costar, sino que tiene que comprender qué está comprando exactamente. Esto es algo que no nos suele pasar cuando compramos productos físicos. Tú vas al super y compras lo que necesitas, como mucho miras los ingredientes o valores nutricionales de la etiqueta, pero ya está, es un proceso fácil, intuitivo y habitual.