Una resolución preliminar concluye que X renunció a dos de los elementos más reconocibles de la identidad de Twitter después de eliminarlos y anunciar públicamente su desaparición. La marca «Twitter», sin embargo, seguiría protegida. El caso muestra que un cambio de marca no solo construye una identidad nueva: también puede reducir la protección jurídica de la anterior.
X podrá impedir, por ahora, que otra empresa lance una red social utilizando el nombre Twitter. Pero no podrá reclamar la misma exclusividad sobre el pájaro azul ni sobre la palabra «Tweet», dos signos que formaron parte de la identidad visual y verbal de la plataforma durante más de una década.