¿Qué podemos aprender de la experiencia en cine de Annie Atkins?

Annie Atkins se dedica al diseño gráfico en el sector cinematográfico. Aunque no es habitual encontrarse con un profesional de esta disciplina en un set de rodaje, la consolidada trayectoria de Atkins en películas como El gran hotel Budapest convierten su actividad en imprescindible en muchas producciones. Repasamos su experiencia para ver qué podemos aprender de ella.
 Annie Atkins nueva

Todo lo que se ve en Netflix tiene, por lo menos, a dos diseñadores gráficos trabajando detrás. Esta premisa, sorprendente para muchos profesionales, no resulta nada extraña para Annie Atkins, quien sabe cómo se relaciona el sector audiovisual y el del diseño gráfico mejor que nadie. Tras trabajar en producciones como Boxtrolls, Penny Dreadful, El puente de los espías o El gran hotel Budapest, acumula una destacada trayectoria en diseño gráfico y cine, como demostró con las cuidadas cajas Mendl’s, la señalización del hotel o las alfombras del vestíbulo que realizó para esta última producción, y que resultaron fundamentales para confeccionar el ambiente de la película.

El vestuario de los personajes o los movimientos de la cámara son perfectamente perceptibles cuando estamos viendo una película. Sin embargo, el diseño gráfico logra pasar desapercibido en la mayoría de escenas que vemos; y así, aparentemente, debe ser. Cuanto más integrado esté en la narración audiovisual, mejor tratamiento le habrá aportado el diseñador encargado de ello. Habrá conseguido mimetizarlo por completo. Quizá, precisamente por este desconocimiento e invisibilidad alrededor de la profesión, Atkins ha llegado a señalar que no resulta nada sencillo especializarse en este ámbito. Sin embargo, su importancia es indiscutible.

El diseño gráfico es capaz de crear estados de ánimos. Por ello, es fundamental escogerlo con la máxima honestidad en una producción. «Una atmósfera ayuda a desarrollar el drama» señala la diseñadora. Y no solo eso: todos los objetos con los que interactúan los personajes de una película proceden de la mente de un diseñador gráfico, que les ayuda mediante ellos a que se introduzcan en el ambiente correspondiente. Desde una simple nota manuscrita, o un periódico ficticio, todo tiene diseño.

«Me encargo de hacer piezas con las que los actores interactúan, aunque normalmente están detrás, en un fondo a menudo borroso. Nuestra función es ayudar a los actores y al director a transportarles a otro mundo», confiesa Atkins. No por ello, no obstante, se siente frustrada.

«Un 95% de mi trabajo nunca se ve, pero es así», reconoce, aunque no puede dejar de ejemplificar cómo El gran hotel Budapest sí pudo disfrutar de la sensibilidad gráfica con la que Wes Anderson dotó a su producción.

«En algunas ocasiones, siento que lo que hago pertenece a un ‘mundo secreto’, en el que investigo mucho sobre todas las piezas del pasado que a veces tengo que utilizar», confiesa. «No siempre, sin embargo, funciona la exactitud histórica ante la cámara, y tampoco podemos ser la Wikipedia. Nuestra principal misión es llevar a la audiencia a través de la historia; por eso siempre tratamos de recrear, más allá de hacerlo perfecto», indica.

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El puente de los espías.

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El puente de los espías.

Annie Atkins El Gran hotel Budapest 3

El gran hotel Budapest.

Para llegar a ese punto, Atkins debe pasar por un proceso creativo minucioso y detallista. Confiesa, en esta línea, que utiliza música dependiendo del día, y que siempre tiene a mano un papel para apuntar notas, y un sinfín de herramientas diversas. Libros de encuadernación, sellos o una máquina de escribir pueden ser algunos de estos elementos, que demuestran el afecto que profesa Atkins por los recursos de carácter más manual. «Tengo una pequeña regla», admite la diseñadora gráfica al hablar sobre las técnicas más artesanales.

«Si algo de lo que tengo que recrear fue hecho en su momento a mano, entonces lo hago a mano. Si se hizo con una máquina, intento utilizar la misma máquina también. Creo que, si no, al final se pierden las formas orgánicas y naturales que buscábamos. A veces te esfuerzas en llevarlo al terreno digital, pero no consigues el mismo efecto, así que es mejor optar por el lápiz y el papel», agrega.

Su estudio sobre las piezas de diseño gráfico del pasado histórico, además, es capaz de inspirarle en el presente y por ello dedica a ello parte de su actividad profesional. Aun así, no se pueden dominar todas las técnicas. «Diseñar para una película necesita un rango muy amplio de habilidades, y no se puede ser un experto en todo», matiza Aktins. Resulta más importante ser bueno haciendo muchas cosas, y sobre todo, «ser adaptable, aprender rápido y saber qué partes delegar en otros expertos».

Para saber qué elementos gráficos necesita una escena de una película en concreto, Atkins pasa por una fase de documentación e investigación exhaustiva. El primer paso es estudiar el guión e identificar qué accesorios serán necesarios en cada escena. Desde esta primera lectura a la fabricación física del objeto hay un largo camino y ni siquiera en la mera construcción del objeto termina esta actividad. Para una escena de varias tomas, la diseñadora gráfica puede llegar a hacer seis copias idénticas del objeto. Si el reparto va ser utilizado con frecuencia, la cifra puede elevarse hasta las doce copias; en muchas ocasiones, todas ellas realizadas a mano.

De un proyecto a otro, Annie Atkins viaja entre películas con facilidad, aunque no por ello confía ciegamente en este ámbito laboral. «No creo que tengas una seguridad completa, pero bueno, me gusta ser capaz de moverme entre producciones fílmicas y mis propios proyectos; entre viajar, y trabajar en mi estudio», indica la diseñadora. Entre unos y otros, no duda en empaparse de todo lo que le rodea, y tener una mentalidad inquieta y activa aunque, también reconoce, «es importante aprender a relajarse».

Aprender de la experiencia de Annie Atkins en el cine es fundamental por varios motivos. Primero, porque resulta imprescindible revalorizar el diseño gráfico, una profesión que todavía queda en segundos planos en muchos ámbitos. Segundo, porque la tecnología ofrece herramientas poderosas y muy útiles, pero existen ciertos casos en los que tenemos que ‘mancharnos las manos’ y, de ello, también se aprende. Por último, no hay que olvidar que, a pesar de la inestabilidad laboral existente, siempre hay que seguir avanzando, aprendiendo y explorando lo que nos rodea. Un ejemplo en esta profesión, sin duda, a tener en cuenta.

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