
Los que no hemos tenido la suerte de estudiar diseño nos hemos buscado las castañas aquí y allí, con libros, viajes y calle, mucha calle. Y si hay algo que podías encontrar en todas esas fuentes era la persistente presencia del trabajo de Cruz Novillo. Hemos usado “sus billetes”, los primeros de la democracia, viajado en “sus trenes”, leído los periódicos que sellaban sus cabeceras con esa magistral síntesis del mundo. Hemos visto sus logos en televisión, en las papeletas electorales, sus carteles en los cines (para Elias Querejeta, Carlos Saura, Jaime Chávarri, Berlanga, Erice, Armendáriz…), sus banderas ondeando en cada edificio público de la Comunidad de Madrid y si no acabas de ver esto bien del todo, allí estaba un emblema de Cruz Novillo, esperándonos en la puerta de la óptica (Visionlab) forjado en metal volumétrico. Su trabajo es contundente, rotundo, sintético y de una abstracción tan moderada que ha permitido a estos diseños aguantar año tras año. Incluso siendo rediseñados, como en el caso de Correos o Repsol, no pierden la esencia que Cruz Novillo encontraba con tanta sencillez.
Jose María nos ha dejado este dos de mayo y no podemos más que agradecer a la suerte el haber compartido con él un puñado de ratos en los que aprendimos lecciones magistrales. En 2017, dos jóvenes profesionales organizan un evento sobre diseño público, en Murcia. Lo llaman para dar una conferencia y allí que se planta, con su chupa de cuero acompañado por su hijo Pepe. Recuerdo un auditorio lleno, con la boca abierta y a mi socio, Guillermo Rubio y a mí, con la tímida incredulidad de tener a un mito como él codo a codo.
Recuerdo cerrar el evento, compartir unas cañas junto a Severo Almansa y tomar nota mental de cada batallita que se contaban. De alucinar con la poderosa intuición con la que trabajaba, esbozando soluciones en la primera reunión con el cliente para volver a casa con una idea sobre la que trabajar. Recuerdo la fiesta que montamos en el Centro Párraga cuando apenas quedaban estudiantes en la sala y allí estaba él, a sus 81 años, bailando en medio de una sala en penumbra a ritmo de electrónica. Recuerdo su sonrisa pícara y llena de ideas que parecían iluminarte de inspiración con tan solo volver sus ojos saltones hacia ti. Recuerdo su estudio en la calle Otamendi de Madrid —el templo lo llamamos— donde podías encontrar bocetos de trabajos de todo tipo, pruebas, esculturas, una moto enorme, un Suzuki Santa y una pista de tiro con arco.
Con él, aprendimos mucho, muchísimo, pero lo que más nos ha marcado ha sido entender cómo el diseño es capaz de integrarse en la cultura de un país a través de lo cotidiano. Desde el diseño público donde forjó un precedente de profesionalidad con trabajos como los Bonos del Estado y el Tesoro Público o la marca de la Policía Nacional. Hasta todos los ámbitos de la vida social: la política, la economía, los medios de comunicación, los medios de transporte, la energía… Sus marcas: PSOE, ICEX, RENFE, Telefónica, Grupo Prisa, El Mundo, Cope, Endesa, Banco Pastor… Todas ellas son el paisaje de la transformación de un país que supo aprovechar el talento y la perspectiva internacional de Cruz Novillo. Un profesional que creó profesión en España porque, aunque hubieron otros antes, nadie como él ha hecho visible el diseño gráfico a tan alto nivel. No como un trabajo menor de arquitectos, publicistas o artistas sino como una profesión independiente y especializada a la que nos dedicamos tantas y tantos diseñadores hoy. Algunos, los más jóvenes, han podido estudiar Diseño Gráfico y otros, como yo, lo hemos podido aprender gracias a ese libro abierto tan inspirador que ha supuesto el trabajo de Jose Mária Cruz Novillo en nuestras vidas. Hasta siempre maestro.
Julián Garnés es Director Creativo de Rubio & del Amo













