Autor de algunas de las identidades más reconocibles del país —Correos, PSOE, Repsol, Policía Nacional, El Mundo, COPE o los billetes del Banco de España—, José María Cruz Novillo deja una obra que forma parte del paisaje cotidiano de varias generaciones. Diseñador, pintor, escultor y académico, fue Premio Nacional de Diseño, Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes, Laus de Honor y Premio Gràffica 2017.

Hay diseñadores que hacen marcas. Y hay diseñadores que, casi sin que nos demos cuenta, acaban diseñando una parte de la memoria colectiva de un país. José María Cruz Novillo, Pepe Cruz Novillo, pertenece claramente a esa segunda categoría. Su trabajo no se mira solo en libros de diseño, exposiciones o archivos profesionales. Está en los buzones, en las carreteras, en los periódicos, en los billetes, en las instituciones, en los partidos políticos, en los carteles de cine y en algunas de las imágenes que España incorporó a su vida cotidiana durante la Transición y las décadas posteriores.
Cruz Novillo ha fallecido a los 89 años —nació en Cuenca el 21 de mayo de 1936— dejando una trayectoria difícil de resumir sin caer en la enumeración. Porque su obra es, en gran medida, una lista de imágenes que todos hemos visto alguna vez, incluso aunque muchas personas no supieran quién estaba detrás. Correos, Repsol, el puño y la rosa del PSOE, la Policía Nacional, El Mundo, COPE, Diario 16, El Economista, Banco Pastor, Endesa, Renfe, Tesoro Público, Fundación ONCE, los billetes del Banco de España o la bandera y el escudo de la Comunidad de Madrid forman parte de ese imaginario construido con una precisión gráfica poco habitual.
Un diseñador antes de que el diseño tuviera nombre
Cruz Novillo empezó a trabajar como dibujante en Publicidad Clarín en 1958, en una España en la que el diseño gráfico todavía no ocupaba el lugar cultural y profesional que tendría después. Él mismo lo explicó con una naturalidad casi programática en Gràffica: «Soy dibujante, siempre lo he sido». Aquella condición de dibujante, más que una modestia, fue una manera de entender el oficio: mirar, sintetizar, ordenar y convertir una idea en forma.
Su recorrido profesional se desarrolla en paralelo a la transformación visual del país. En 1959 comenzó a colaborar con SEDI, Sociedad de Estudios del Diseño Industrial, y promovió una de las primeras revistas especializadas del sector, Temas de Diseño. En 1965 abandonó Clarín y creó su propio estudio, desde el que saldrían muchas de las identidades corporativas e institucionales más importantes del diseño español contemporáneo.
Lo decisivo en Cruz Novillo no fue solo la cantidad de encargos, sino la manera en que entendió el diseño como una forma de inteligencia pública. Sus marcas no buscaban adornar la realidad, sino hacerla reconocible. En una época de cambio político, institucional y empresarial, su trabajo ayudó a dar una forma nueva a estructuras que necesitaban explicarse de otra manera. La España que salía del franquismo, que construía nuevas instituciones y que empezaba a reconocerse en otros códigos visuales, encontró en sus signos una claridad gráfica que todavía hoy conserva buena parte de su fuerza.
Su estilo se apoyó en la síntesis, la geometría, el uso del positivo y el negativo, el trazo contundente y una economía formal que no era simpleza, sino depuración. Cruz Novillo entendió que una marca debía sobrevivir al ruido de su época. Por eso muchos de sus logotipos siguen funcionando décadas después. No eran ocurrencias gráficas ni ejercicios de moda, sino soluciones pensadas para permanecer.
También fue autor de numerosos carteles de cine, entre ellos los de El espíritu de la colmena, El sur, La escopeta nacional, Los lunes al sol, Barrio o Deprisa, deprisa. Esa faceta, a menudo eclipsada por sus identidades corporativas, revela otra parte fundamental de su trabajo: la capacidad de traducir una atmósfera narrativa en una imagen directa, recordable y cargada de intención.
Más allá del logotipo
Reducir a Cruz Novillo al diseñador de grandes logotipos sería quedarse corto. Fue también pintor, escultor, grabador y artista interesado por el color, el sonido y el tiempo. Desde los años noventa desarrolló sus obras «cronocromofónicas», una línea de investigación artística en la que combinaba duración, color, sonido y estructura. Su Diafragma dodecafónico 8.916.100.448.256, opus 14, estrenado en ARCO en 2010, fue concebido como una obra de millones de años de duración que genera una pieza audiovisual única cada pocos segundos.
Esa doble condición —diseñador y artista— nunca fue en él una contradicción. Al contrario. Cruz Novillo perteneció a una generación que no entendía el diseño como un territorio menor frente al arte, sino como otro campo de pensamiento visual. Su obra comercial no rebajó su ambición creativa, y su trabajo artístico no lo alejó del mundo real. Esa tensión, bien llevada, explica parte de su importancia.
En 2007 fundó junto a su hijo Pepe Cruz, diseñador y arquitecto, el estudio Cruz más Cruz, dando continuidad a una manera de trabajar centrada en la identidad visual, la arquitectura corporativa y la relación entre marca, espacio y forma.
Los reconocimientos llegaron a lo largo de los años, aunque quizá ninguno alcanza a medir del todo la presencia real de su trabajo en la vida diaria. Fue Premio Nacional de Diseño en 1997, Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes en 2012, académico de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, Cartero Honorario de Correos en 2019 y Laus de Honor en 2023. En 2017 recibió también el Premio Gràffica por ser, como señaló entonces el jurado, «el gran decano del diseño español» y por demostrar que el diseño comercial podía ser compatible con la coherencia personal y creativa.
Su figura fue también reivindicada por el documental El hombre que diseñó España, estrenado en 2019, una película que acertó en el título porque supo señalar algo evidente: Cruz Novillo no diseñó solo marcas, diseñó una parte de la manera en que España se ha visto a sí misma durante más de medio siglo.
La muerte de Pepe Cruz Novillo deja al diseño español sin una de sus figuras esenciales. Pero también obliga a mirar con más atención aquello que muchas veces damos por supuesto: que detrás de las imágenes que ordenan nuestra vida hay alguien que pensó, dibujó, descartó, afinó y decidió. Cruz Novillo hizo exactamente eso durante décadas. Y lo hizo con una claridad tan rotunda que sus signos siguen ahí, funcionando casi en silencio, como si siempre hubieran estado con nosotros.














