Ricardo Rousselot: «Con las Olimpiadas, pareció que habían encendido la luz en una habitación oscura»

Con motivo del 25º aniversario de los Juegos Olímpicos de 1992 en Barcelona, hemos querido conocer cómo se vivió aquel acontecimiento en el ámbito del diseño y profundizar en cómo las Olimpiadas influyeron en él. Para ello, charlamos con un profesional del sector que estuvo implicado activamente; hablamos con Ricardo Rousselot, quien nos presta sus recuerdos para trasladarnos a la Barcelona del 92.

Ricardo Rousselot es un calígrafo de los que ya no quedan. Sus conocimientos y su habilidad para dibujar la letra le convierten casi en una rareza. Su vida como profesional del diseño ha sido de lo más fructífera. Rousselot es uno de los más prolíficos diseñadores de marca de este país: Ducados, Farias, Okey, Borges, Smoking, Casa Tarradellas, La Casera, Spanair… y entre los proyectos en los que ha trabajado, también destacan los Juegos Olímpicos.

Rousselot, de origen argentino, nos cuenta que llegó a España en 1975 y que conoció la Barcelona de entonces:

«Era un ambiente muy feo. Generalmente Barcelona no tenía muchas cosas. Era una ciudad muy pequeña, oscura y gris. Y de repente, con las Olimpiadas, pareció que habían encendido la luz en una habitación oscura. Todo cambió. No hay lugar que no haya cambiado».

Las Olimpiadas supusieron un cambio en la ciudad a muchos niveles. También para el diseño: «En 1975, aunque en Barcelona ya estaba America Sanchez, Yves Zimmermann, Mario Eskenazi y Carlos Rolando, lo que la gente conocía del diseño era las cosas que habían hecho los grafistas de antes de la Guerra Civil, a los que ahora llaman Pioneros: Josep Pla-Narbona, Enric Huget, …».

Con los Juegos, el concepto de diseñador iba apareciendo junto a sus protagonistas: «Antes nosotros no éramos diseñadores; éramos dibujantes, grafistas, … Diseño era una palabra nueva». Y es que, empezaron a ser muy necesarios para la creación de todas las piezas que un evento como este precisaba: «Las Olimpíadas fueron en realidad como una prueba de fuego para el diseño, porque hubo grandes diseñadores que surgieron a la luz como Mariscal. Había muchísima gente trabajando ahí. También se hicieron actividades que iban en paralelo a los Juegos que también necesitaban diseñadores. Era como si todos estuviéramos eufóricos ante tanta cantidad de proyectos para hacer. En esa época yo trabajaba con Óscar Tusquets y llevamos a cabo, por ejemplo, todas las fuentes olímpicas que se crearon para el evento junto al escultor Juan Bordes. Yo diseñaba las placas. En general hicimos muchísimas cosas. Todo el mundo tenía cosas por hacer; todo el mundo tenía algún proyecto relacionado con las Olimpiadas, ya sea porque lo encargaban o porque uno decidía llevarlo a cabo de forma voluntaria. Todo el mundo participó; participamos todos».

Fue entonces cuando todos los diseñadores que habían surgieron a la luz: «Hasta entonces, al no haber actividad, no era visible. Pero cuando hay algo tan grande como las Olimpiadas, todo el mundo lo fue, ya que todos trabajamos».

Esta oportunidad fue percibida también por agencias internacionales que no dudaron en establecerse, por un tiempo, en la Ciudad Condal: «Los Juegos Olímpicos pusieron a la ciudad en un momento en el que le tocaba vivir y la transformaron en una ciudad moderna. En ese aspecto cambió totalmente. A partir de los Juegos, Barcelona pasó a ser como cualquier ciudad de Europa. Antiguamente no lo era. De hecho, antes, muchos escritores que estaban en Barcelona decidían marcharse porque esta era una ciudad gris».

Según nos cuenta Rousselot, las agencias internacionales siempre habían puesto un ojo en Barcelona para establecer allí su actividad profesional sin acabar de hacerlo, porque veían que no había trabajo para ellas o porque las colaboraciones no acababan de llegar a buen puerto debido a diferencias y contrastes culturales. Hasta Los Juegos Olímpicos de 1992.

«Todo el mundo hizo algo, poco o mucho, pero todos estuvimos presentes. Y las empresas lo vieron. Es ahí cuando se establecieron las agencias, y se formaron grupos de profesionales del diseño y la comunicación. Aunque finalmente estuvieron poco y después se fueron. No se quedaron todas las que vinieron».

Tras 25 años, de lo que queda de aquella Barcelona del 92, en cuanto al diseño, Ricardo Rousselot destaca el espíritu que hoy en día siguen teniendo los estudios de la ciudad: «Queda esa sensación que había en esa época en la que parecía que todo el mundo había despertado. Yo venía de Argentina y de Estados Unidos y ya tenía otra forma de ver las cosas… Pero aquí hubo gente que vio que, de repente, estaban en el mundo. Fue entonces cuando descubrieron qué eran capaces de hacer. Y se unieron, formaron estudios, los diseñadores estaban más expuestos, se crearon escuelas de diseño, …».

A modo de conclusión Ricardo nos comenta que para él las Olimpiadas del 92 fueron un punto de inflexión que marcaron un antes y un después: «Sobre todo, en la parte que a los diseñadores nos tocaba, pero también lo fue para mucha gente de otros campos. Ha habido otras Olimpiadas, pero no han salido tan bien, por ejemplo las de Brasil donde los edificios que se hicieron ahora ya no aguantan en pie. Aquí tenemos edificios de las exposiciones del siglo pasado que funcionan todavía. No puedo decir más que cosas buenas de las Olimpiadas. Ojalá hicieran otras Olimpiadas y que fueran tan buenas como las de Barcelona. Fue muy impactante».

  • quimmassana

    De entrada, mi admiración por Ricardo Rousselot, pero debo decir que su opinión, no refleja lo que yo vi cuando llegue a Barcelona, unos años antes para estudiar diseño. Un par de cosas para ilustrar:
    1- Ya por aquel entonces (años antes de la Barcelona 92 y de la candidatura aprobada en octubre del 86) yo vi una barcelona distinta llena de vida i de diseño, hasta el punto de que cuando estudiabas, la pregunta que se hizo tópica fue “diseñas o trabajas”.
    2- Recuerdo que los comentarios con los amigos era que en Barcelona incluso no hacia falta ir a la escuela para aprender diseño, yendo por la calle y mirando carteles y tiendas ya era una gran escuela.
    Tiendas como Zabrinskie, la malograda Vinçon o sitios como el Metropol, El Universal, Otto, o Network las revistas de comic Vivora o Rambla, i las de diseño “DeDiseño”, solo por poner unos ejemplos, completaban nuestro aprendizaje en lo que se llamo la “ona freda” o “estètica soviètica” eran propuestas nacidas aquí i antes de la fiebre olímpica.