Si te descubres un día haciendo “scroll” y, de pronto, tu diseño aparece en una cuenta que no es la tuya, la reacción es casi automática: enfado, incredulidad y esa sensación de “me lo han robado”. Es normal. Pero si quieres que el asunto acabe bien (retirada rápida, pago razonable o un acuerdo que no te desgaste), conviene cambiar el chip: menos impulso y más método.
Piensa en esto como en un pequeño protocolo de crisis. No porque vayas a acabar siempre en un juzgado, sino porque incluso cuando todo se resuelve con un email, gana quien llega con pruebas, fechas y una petición concreta. Y sí: aquí la rapidez importa, pero la precipitación suele regalarle al otro justo lo que necesita: tiempo para borrar rastros o para colocarse una coartada.