En los mupis de la calle, en las pausas de Netflix, en los banners que te persiguen vayas donde vayas.
La publicidad programática se ha convertido en el sistema dominante para colocar anuncios en cualquier pantalla conectada. Segmenta al instante, optimiza en tiempo real y promete una precisión quirúrgica. Pero mientras las marcas celebran sus nuevos superpoderes, el diseño gráfico se ve desplazado por automatismos que deciden cuándo, cómo y dónde mostrar los mensajes. ¿Qué papel nos queda a los diseñadores cuando todo se resuelve sin nosotros?