Hace unos días leía un artículo en The Atlantic que defendía una idea con la que me sentí completamente identificado: ahora que la inteligencia artificial puede generar infinitas imágenes, textos, logotipos o campañas, el verdadero valor ya no estará en producir, sino en saber elegir. Mientras lo leía pensaba que, en realidad, esto no es nuevo.
Desde que empecé a estudiar Bellas Artes, y después durante todos estos años dedicándome al diseño, nunca he pensado que lo más importante fuera dominar una herramienta. Ni siquiera conocer todas las tendencias. Y en tendencias hay muchos diseñadores que las controlan de forma sorprendente. Siempre he creído que la diferencia estaba en otra parte. En algo mucho más difícil de explicar: tener buen gusto. Es una expresión incómoda. Lo sé.