Es difícil imaginar un mundo sin redes sociales. Amadas y odiadas a partes iguales, estas plataformas han transformado la forma en que nos comunicamos, nos informamos y nos entretenemos. Pero, si constantemente escuchamos sobre sus perjuicios —adicciones, desinformación, estafas y su impacto negativo en la salud mental—, ¿qué explica su presencia masiva en nuestras vidas?
La respuesta es tan simple como compleja: el ser humano es un ser social, y las redes explotan esa necesidad básica de comunicarse, de conectar con otros y de compartir experiencias.