Blanc! reivindica algo tan sencillo como necesario: parar, encontrarse y compartir. Hablamos con David D’Eboli, cofundador y director del festival, sobre la evolución de un proyecto nacido en 2009 que ha dejado de ser únicamente un espacio de conferencias para convertirse en un punto de encuentro donde la comunidad creativa busca inspiración, respuestas y, quizá, recuperar las ganas de seguir diseñando. La cita es el 23 y 24 de octubre, en Barcelona.

David, echemos la vista atrás. Blanc! nació en 2009 como un pequeño festival para el sector creativo. ¿Qué tenían en la cabeza entonces, y qué queda de ese espíritu?
Nació desde la necesidad más pura: la de salir de la cueva. En 2009 nos sentíamos aislados, trabajando frente a una pantalla sin hablar realmente con nadie sobre lo que nos dolía o nos apasionaba (recuerden que no había redes sociales. Todo era más físico). Queríamos un espacio cercano para compartir, tomar una birra y escuchar a la gente que admirábamos, pero sin pedestales.
No había un propósito, una estrategia de marca, ni siquiera una búsqueda de un modelo de negocio. Solo ganas de conectar y montar algo que sirviera de excusa para encontrarnos y aprender de los mejores.
Hoy, casi dos décadas después, la esencia es exactamente la misma, pero la urgencia es mayor. El sector se ha acelerado brutalmente. Blanc! nació como un punto de encuentro y ha evolucionado hasta convertirse en un oasis, una pausa consciente y un destino donde reconectar con aquello por lo que decidimos dedicarnos a esto.
Cuando hablas de «pausa» o «oasis», suena casi a prescripción médica. ¿Tan mal estamos?
Estamos agotados. Hay una epidemia silenciosa de burnout, de síndrome del impostor y de desconexión con el propósito. Vivimos en un modo deadline continuo donde diseñamos el logo, preparamos el arte final, gestionamos al cliente, facturas, presupuestos y, además, sentimos culpa si no estamos publicando en Instagram lo «perfecta» que es nuestra vida social y éxito profesional.
Lo vemos cada año en Blanc! y en las respuestas de la gente a nuestras newsletters.
Existe mucha soledad en la profesión. Los creativos independientes o los que curran en estudios o agencias sufren a menudo la desvalorización de su trabajo, tarifas que no pagan facturas y briefs absurdos (que ahora vienen con capturas hechas con ChatGPT).
Porque el mayor peligro no es la inteligencia artificial, sino perder el amor por el oficio y quedarnos encerrados en nuestra cueva, loopeando las horas en un continuo día de la marmota.

¿Por qué insistís en que Blanc! ya no es un festival de conferencias, sino una experiencia y un destino?
Porque para ver un caso de éxito de 45 minutos ya tienes YouTube. Blanc! no te enseña; te hace evolucionar. Si vienes a Barcelona o a Madrid, no vienes solo a sentarte en una butaca. Vienes a vivir una experiencia humana y comunitaria. A buscar inspiración y transformación.
Queremos que Blanc! sea un espacio de seguridad donde puedas bajar la guardia. Por eso creamos dinámicas como el Ágora —una auténtica terapia de grupo— o las Varietés, donde invitamos a personas y profesionales de ámbitos ajenos al diseño a charlar sobre creatividad. ¡Hasta estamos trabajando en un confesionario donde expiar nuestras culpas y pecados!
Blanc! es un festival de diseño donde llegas fundido y te vas recargado de energía colectiva.
La inclusividad y la diversidad son temas centrales en la conversación actual del sector. ¿Cómo abordáis esta realidad desde la organización?
Para nosotros la diversidad no es una etiqueta de marketing ni una cuota para cumplir; es la única forma legítima de entender el diseño. El talento es diverso o no lo es. Llevamos años trabajando para que nuestros escenarios reflejen esa paridad y esa pluralidad de miradas, dando voz tanto a figuras consagradas como a nuevas generaciones a través de proyectos como Brut! o iniciativas que dan voz a las mujeres creativas, como el podcast FemFetén!, para que las nuevas generaciones de profesionales conozcan también a referentes femeninos del diseño y la creatividad.
El diseño va de cultura visual, de comunicación, pero también de sociedad. Si no creamos espacios donde todas las personas creativas se sientan seguras, respetadas y valoradas, le estamos fallando a la profesión.

¿Qué le dirías a un profesional del diseño que está dudando si parar dos días para venir a Barcelona?
Le diría que parar no es perder el tiempo; es la única manera de no quemarse y de seguir evolucionando. Que deje las excusas y las entregas en el buzón de salida por un par de días. Que venga a reencontrarse con sus colegas de profesión, a reírse, a expresarse sin filtros y a recordar por qué un día decidió que su vida iba a girar en torno al diseño y la creatividad.
Posiblemente este profesional crea que no tiene nada nuevo por aprender (o que no quiera). Pero Blanc! no va de eso, sino de evolucionar. Vienes cansado, harto, sin ganas, desmotivado, y sales con las pilas cargadas y una energía 100 % renovada.
Suena a topicazo, lo sé, pero los testimonios de más de 16 años montando este sarao lo confirman.
Y para cerrar, ¿qué cosas encontraremos en esta edición de Blanc!?
Te lo resumo en tres palabras: entretenimiento, reflexión y transformación.
Lo primero, un festival diferente. Donde la palabra «festival» no es gratuita. Está por algo: además del programa de charlas, encontraréis música en vivo, performances digitales, actividades durante los descansos, un mercadillo con libros, piezas artísticas, complementos… y muchas oportunidades de conocer colegas de profesión de todas partes de España.
Lo segundo, espacios de reflexión, como el Ágora, una charla en comunidad, abierta, sin filtros y con la guardia baja, sobre IA, dinero y el valor del diseño. No es una mesa redonda. Es un espacio de participación colectiva y abierta.
Y lo tercero, un programa muy bien curado donde tocamos todos los temas: diseño gráfico, branding, dirección de arte, diseño activista, motion, IA, marca personal, campañas, arquitectura efímera, redes y mucha, pero mucha creatividad.
La cita es el 23 y 24 de octubre, en Barcelona.













