«Un día pagaremos por trabajar». Recuerdo que Álvaro Sobrino me lo dijo hace años, como una profecía oscura que no quería creer. Pues bien, ese día ha llegado. En un giro grotesco de los acontecimientos, ahora los diseñadores no solo debemos competir por proyectos, sino que encima debemos pagar por tener la oportunidad de presentar una propuesta. Y todo gracias a la última invención de algunas startups que, como Fantacycling, han encontrado la fórmula perfecta para aprovecharse de la pasión de los creativos: cobrarles por trabajar.
Fantacycling, una startup italiana centrada en el ciclismo, ha lanzado un concurso para rediseñar su identidad visual. Hasta aquí, todo bien. El problema es que para participar, hay que pagar. Dependiendo de cuándo te inscribas, la tarifa varía entre 45 € y 75 €. ¿El premio? Unos miles de euros para los ganadores y, claro, la promesa de "visibilidad" y posibles colaboraciones futuras. Suena bien, ¿verdad? Pues no lo es. Porque esta práctica nos está llevando a una situación insostenible y peligrosísima para la profesión.