La convocatoria ‘Chiquito Fotón’ se presenta como un concurso popular de fotografía por el Día de Canarias, pero sus bases revelan una acción promocional en Instagram que obtiene contenido, visibilidad y derechos gratuitos sobre las imágenes seleccionadas.
La Fundación MAPFRE Canarias ha lanzado una nueva edición de Chiquito Fotón, un concurso de fotografía dirigido a usuarios de Instagram mayores de edad y residentes en Canarias. La propuesta invita a compartir una imagen relacionada con la “canariedad”, seguir a la cuenta de la Fundación, etiquetarla y utilizar el hashtag #fmapfrecanarias_chiquitofoton. Hasta ahí, podría parecer una convocatoria amable, pensada para celebrar el Día de Canarias a través de la mirada de sus habitantes. El problema aparece al leer las bases.
La mecánica no consiste únicamente en enviar una fotografía. Obliga a publicar la imagen en Instagram, a vincularla directamente con la cuenta de Fundación MAPFRE Canarias y a integrarla en una etiqueta creada para la campaña. Es decir, los participantes no solo compiten: también difunden la acción, alimentan su visibilidad y generan contenido asociado a la marca de la Fundación. Las bases, además, permiten que cada persona participe con tantas fotografías como desee y prevén que la entidad seleccione hasta ocho imágenes por semana durante las dos semanas del concurso, que después podrán ser publicadas en sus perfiles oficiales.
El premio es otro de los puntos confusos. En la comunicación visual del concurso se habla de “gana 300 €”, mientras que las bases mencionan “un bono regalo de 300€”. Sin embargo, el documento exige al ganador datos bancarios, justificante de titularidad de cuenta y un recibo de premio firmado para realizar una transferencia. No queda claro, por tanto, si se trata de un bono, de un pago en metálico o de una compensación de otra naturaleza. Lo que sí queda perfectamente acotado es su tratamiento fiscal: la Fundación advierte de que el premio tendrá consideración de ganancia patrimonial y deberá incluirse en la declaración de IRPF del ganador.
Ese contraste es revelador. Todo aquello que puede afectar legalmente a la entidad aparece detallado con precisión: documentación, fiscalidad, exclusiones, datos bancarios, posibilidad de declarar el premio desierto, verificación de participantes, protección de datos o exoneraciones. En cambio, la compensación real por el uso del trabajo creativo queda reducida a un único premio de 300 euros, mientras la Fundación obtiene una campaña de promoción en redes, seguimiento, contenido y participación pública a un coste mínimo.
El punto más delicado está en la cesión de derechos. Las bases establecen que tanto el autor de la fotografía ganadora como los autores de las fotografías seleccionadas en la fase inicial ceden gratuitamente a Fundación MAPFRE Canarias los derechos de reproducción, distribución, comunicación pública y transformación de las imágenes, “a través de cualquier medio”, por la duración máxima legal y para todo el mundo, siempre que el uso esté relacionado con el concurso.
La cláusula no afecta solo a la imagen premiada. También alcanza a las fotografías seleccionadas, cuyos autores pueden no recibir nada. La Fundación, por tanto, no obtiene únicamente una foto ganadora: obtiene una bolsa de contenido visual sobre Canarias, publicado ya en redes por los propios participantes, asociado a su cuenta y con derechos cedidos de forma gratuita.
Ahí está el centro del debate. Una fundación vinculada a una gran aseguradora utiliza el lenguaje de la participación cultural para activar una campaña de contenido generado por usuarios. Pide imágenes, difusión, hashtags, seguimiento y derechos. Y lo hace con una recompensa muy reducida en comparación con el rendimiento promocional que puede obtener. Encargar una campaña fotográfica, contratar autores, negociar derechos de uso y producir contenido para redes tendría un coste muy superior al de este concurso.












