La exposición «Anna Turbau. En veu pròpia», abierta del 15 de junio al 30 de agosto en Barcelona, revisa el archivo de una de las pioneras del fotoperiodismo catalán y reúne fotografías icónicas de la Transición junto a colecciones poco conocidas o inéditas.

Anna Turbau (Barcelona, 1949-2025) pertenece a una generación de fotógrafas que, durante los últimos años del franquismo y la Transición, utilizaron la cámara para documentar aquello que no siempre ocupaba espacio en el relato oficial. En su caso, esa mirada se dirigió de forma insistente hacia las movilizaciones sociales, la lucha por las libertades, los barrios castigados, las comunidades gitanas, las mujeres privadas de voz pública o los territorios que permanecían fuera de los focos mediáticos.
La exposición está comisariada por Adra Pallón, Maria Planas y Sílvia Omedes, de la Fundació Photographic Social Vision, entidad que desde mayo de 2023 representa el archivo de la autora. La fundación ha catalogado y digitalizado su legado con la ayuda del Departament de Cultura de la Generalitat, en un proceso que ha implicado la revisión de más de 40.000 fotografías, entrevistas, declaraciones y conversaciones mantenidas con la propia Turbau. La muestra es, además, la primera dedicada a la fotógrafa después de su muerte, en marzo de 2025. Desde el inicio, Turbau conoció y alentó el proyecto, que ahora adquiere también la forma de homenaje.
Una transición mirada desde los márgenes
El recorrido expositivo permite volver sobre algunos de los trabajos que definieron su trayectoria. En 1975, Turbau comenzó a fotografiar la realidad más dura del Raval de Barcelona, entonces todavía nombrado en muchos contextos como Barrio Chino, un territorio marcado por la marginalidad, la prostitución, la pobreza y la vida cotidiana de quienes apenas aparecían en la imagen oficial de la ciudad.
Ese mismo año viajó a Galicia para documentar la construcción de viviendas en el poblado gitano de O Vao, en Pontevedra, proyectadas por el arquitecto César Portela. Aquel encargo abrió una relación intensa con el territorio gallego. Turbau se instaló en Santiago de Compostela y comenzó a colaborar con revistas como Interviú y Primera Plana, mientras fotografiaba las movilizaciones sociales y políticas que surgían al final del franquismo y durante los primeros años de la democracia.

De ese periodo proceden algunas de sus series más reconocidas: las protestas contra la construcción de la AP-9, los piquetes de Guísamo, las movilizaciones tras el naufragio del Marbel o las fotografías realizadas en el hospital psiquiátrico de Conxo. En todas ellas aparece la misma preocupación: registrar aquello que estaba ocurriendo fuera del centro, en lugares donde la transformación política no era una abstracción institucional, sino una experiencia directa sobre los cuerpos, los trabajos, las familias y las comunidades.
Uno de los principales atractivos de «Anna Turbau. En veu pròpia» es la amplia selección de imágenes inéditas o poco conocidas. Entre ellas aparecen las comunidades gitanas de Ripollet, las internas del centro penitenciario de mujeres de Wad-Ras, el Festival de Jazz de Barcelona, la actuación de Ella Fitzgerald a mediados de los setenta, la escritora Doris Lessing antes de recibir el Nobel, la primera Diada de Catalunya después del franquismo, el referéndum para la aprobación de la Constitución en Barcelona, el primer mitin de la CNT o el atentado contra la revista satírica El Papus.
La fotografía como responsabilidad
La exposición subraya también una dimensión fundamental de su trabajo: la relación con las personas fotografiadas. La fotografía de Turbau se construye desde una proximidad física y emocional que obliga al espectador a detenerse. Hay una voluntad de presencia. De estar allí. De mirar de frente.
Esa posición resulta especialmente relevante hoy, cuando la imagen documental convive con una circulación masiva, acelerada y muchas veces descontextualizada de fotografías.
Por eso la muestra también permite pensar en la vigencia del fotoperiodismo como práctica crítica. En tiempos de sobreproducción visual, archivo digital y consumo instantáneo de imágenes, el trabajo de Turbau obliga a regresar a una idea más exigente de la fotografía: la imagen como documento, pero también como relación; como prueba, pero también como gesto de confianza.

El título de la exposición, «En veu pròpia», no es casual. El recorrido incorpora la voz de Anna Turbau como hilo conductor, de modo que el visitante no solo se enfrenta a sus fotografías, sino también a su manera de entender el oficio. La muestra ha sido concebida desde el conocimiento directo de su trayectoria y desde la voluntad de mantener vivo su criterio.
Organizada por el Palau Robert y la Fundació Photographic Social Vision, con la colaboración del Centre Internacional de Fotografia Fundació Toni Catany y el Consello da Cultura Galega, la exposición llega además en un momento significativo para la fundación, que en 2026 cumple 25 años defendiendo la fotografía documental y cuidando archivos esenciales para la memoria visual reciente.
«Anna Turbau. En veu pròpia» recupera mucho más que una trayectoria individual. Devuelve al presente una forma de mirar que todavía interpela: una fotografía directa, consciente, incómoda cuando debía serlo, pero profundamente respetuosa con quienes aparecían ante la cámara. Una fotografía que entendió que la historia no solo se escribe con discursos y documentos oficiales, sino también con rostros, gestos, calles y silencios.















