La XIV edición de la Biennal de Fotografia Xavier Miserachs reúne hasta el 18 de octubre en Palafrugell once exposiciones que viajan desde la Gran Depresión retratada por Dorothea Lange hasta los paisajes amenazados del presente, pasando por la mirada de Sergio Larrain, Gabriel Cualladó y la recuperación de archivos fotográficos que permanecían fuera de la historia.

Antes de convertirse en una de las imágenes más reconocibles del siglo XX, «Madre migrante» fue la última fotografía de una secuencia de siete. Dorothea Lange las tomó en marzo de 1936 en un campamento de recolectores de guisantes de Nipomo, California. Frente a su cámara estaba Florence Thompson, de 32 años, rodeada por varios de sus hijos y atrapada, como tantas familias agrícolas estadounidenses, entre la crisis económica, la sequía y las tormentas de polvo.

La imagen terminaría condensando la pobreza de la Gran Depresión en un solo rostro. Su publicación en la prensa ayudó a llamar la atención sobre las condiciones del campamento y, poco después, el Gobierno federal envió cerca de nueve toneladas de alimentos. Thompson y su familia, sin embargo, ya se habían marchado. Durante más de cuatro décadas permaneció sin identificar y, cuando finalmente se conoció su nombre, expresó su malestar por no haber tenido control ni haber recibido ningún beneficio de una fotografía reproducida en todo el mundo.
Esa distancia entre la imagen pública y la vida privada de quien aparece en ella abre uno de los recorridos posibles por la XIV Biennal de Fotografia Xavier Miserachs, que se celebra hasta el 18 de octubre en diferentes espacios de Palafrugell, en el Baix Empordà. Sus once exposiciones plantean una pregunta que atraviesa toda la programación: qué imágenes llegan a formar parte de la memoria y cuáles quedan fuera.

La muestra «Dorothea Lange. Un llarg viatge», producida por la propia Biennal, recorre el trabajo que la fotógrafa desarrolló durante los años treinta y cuarenta por encargo de la Administración estadounidense. En el momento en que tomó «Madre migrante», Lange trabajaba para la Resettlement Administration, organismo que en 1937 se integraría en la Farm Security Administration. Las fotografías, conservadas actualmente por la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos, documentan el éxodo de las familias campesinas empujadas a la carretera por la pobreza y el Dust Bowl.
Las imágenes elegidas y las que quedaron fuera
La memoria fotográfica nunca es neutral, pues alguien encuadra, selecciona, publica y archiva. De la misma manera, alguien decide qué imágenes no deben sobrevivir. La Biennal aborda directamente ese proceso en «Un forat en la imatge», una actividad prevista para el 9 de octubre en la que Nerea Arrojería hablará de los negativos que la Farm Security Administration descartaba perforándolos físicamente.
Roy Stryker, responsable del proyecto fotográfico, llamaba a esta práctica killing the image, «matar la imagen». El agujero inutilizaba el negativo e impedía que pudiera imprimirse con normalidad. La Biblioteca del Congreso conserva 4.233 negativos de 35 milímetros atravesados por esas perforaciones, un archivo involuntario de todo aquello que una institución decidió excluir de su relato. El gesto resulta brutal por su sencillez: un círculo negro basta para separar la fotografía destinada a circular de la condenada a permanecer invisible.

Esa reflexión sobre la construcción de la mirada continúa en la retrospectiva dedicada a Sergio Larrain, primer fotógrafo latinoamericano que formó parte de Magnum Photos. Nacido en Santiago de Chile en 1931, Larrain convirtió sus recorridos urbanos en una fotografía de encuadres desplazados, sombras profundas y puntos de vista poco previsibles. Henri Cartier-Bresson lo invitó a incorporarse a Magnum en 1959, pero una década después, con apenas 38 años, abandonó la actividad profesional y se retiró a la localidad chilena de Tulahuén.
«El vagabundo de Valparaíso. Retrospectiva» reúne alrededor de noventa imágenes realizadas en Chile, Bolivia, Perú y Europa. Producida por Magnum Photos y organizada junto a la Fundación Foto Colectania, es la primera retrospectiva de Larrain en Cataluña y amplía la muestra presentada anteriormente en Barcelona. Su trabajo sobre Valparaíso acabaría dando lugar en 1991 a un fotolibro acompañado por textos de Pablo Neruda, convertido con el tiempo en una referencia del medio.

La programación recupera también a Gabriel Cualladó, figura central de la renovación fotográfica española de la segunda mitad del siglo XX. La Fundació Vila Casas–Can Mario acoge una selección de retratos y escenas callejeras que muestran cómo el fotógrafo encontró una voz propia desde la cercanía, sin necesidad de convertir la vida cotidiana en espectáculo.

Más inesperado es el diálogo que propone «Adjectivar el temps» entre el fotógrafo Txema Salvans y el escritor Josep Pla. La muestra relaciona las maneras de trabajar entre fotografía y texto: la observación paciente, la atención a lo local, la disciplina y esa capacidad de encontrar algo revelador donde aparentemente no sucede nada.

Un archivo familiar frente al paso del tiempo
La Biennal nació en 1999, un año después de la muerte de Xavier Miserachs, impulsada por personas cercanas al fotógrafo. Miserachs mantenía desde los años setenta una estrecha relación con el Empordà y acabó instalándose en Esclanyà durante la década siguiente. Esa raíz local explica por qué el festival no se limita a traer grandes nombres internacionales. En cada edición busca también recuperar archivos desconocidos de la comarca y devolverlos al espacio público.
Este año el hallazgo es el fondo de los Casanovas, un linaje de fotógrafos iniciado hace 150 años por Lluís Casanovas Marquès y prolongado durante cuatro generaciones. Sus retratos, escenas familiares y reportajes locales permiten recorrer más de un siglo de transformaciones en Palafrugell. La exposición se reparte por distintos puntos del municipio y ha contado con fotografías aportadas por sus habitantes, además de materiales conservados en el Arxiu Municipal. Aquí la memoria colectiva no procede de una institución remota, sino de álbumes domésticos, comercios y cajones familiares.

También el presente corre el riesgo de desaparecer. Carles Palacio documenta en «Treballadors de la mar» la precariedad de los pescadores de la Costa Brava, afectados por la reducción de las capturas, la falta de relevo generacional, el descenso de los precios en origen y las nuevas regulaciones. Wayra Ficapal, por su parte, fotografía la fragilidad del delta del Ebro en «El paisatge invisible» e interviene las copias con agua del Mediterráneo. Las imágenes se degradan gradualmente, del mismo modo que el mar avanza sobre el humedal que representan.


En «Osses», Vero Mora Noya dirige la mirada hacia las mujeres cuidadoras que, al perder autonomía, deben abandonar el papel que han desempeñado durante gran parte de sus vidas para convertirse ellas mismas en personas cuidadas. Y «Local és global», a partir de la Colección de Arte Banc Sabadell, reúne trabajos de Samuel Aranda, Toni Arnau, Lorenzo Meloni, Santi Palacios, Edu Ponces o Anna Surinyach sobre migraciones, crisis políticas, cambio climático y agotamiento de los recursos.

La relación entre fotografía, edición y diseño aparece de forma más explícita en «Fotografia [en] coberta», una pequeña muestra instalada en la librería Nollegiu Mediterrània que reúne cubiertas ilustradas con imágenes de Gabriel Casas, Dorothea Lange, Colita, Agustí Centelles, Josep Carreras y Xavier Miserachs. El 8 de agosto, editores y diseñadores debatirán allí sobre el uso de la fotografía en el ámbito literario.
La programación se extiende mediante proyecciones, conversaciones y visitas guiadas. «Las uvas de la ira», de John Ford, acompaña la exposición de Lange, mientras que dos documentales recorren las figuras de Sergio Larrain y Atín Aya. El 12 de septiembre, la Universitat Politècnica de València presentará el proyecto Salvem les Fotos UPV, dedicado a recuperar archivos fotográficos dañados por la DANA en el País Valencià. El programa incluye además una conferencia de Xavier Antich sobre fotografía documental y acción política, así como encuentros con Txema Salvans, Carles Palacio y otros participantes.
Para que una imagen permanezca, alguien tiene que hacerla, seleccionarla, cuidarla y volver a mirarla.














