En muchos países, especialmente en contextos donde el diseño gráfico se aplica a espacios públicos —señalización, mapas, sistemas de transporte o interfaces digitales—, existen pautas que promueven lo que se conoce como un diseño universal del color.
Estas directrices buscan garantizar que la información visual no dependa exclusivamente del uso del color, y que pueda ser comprendida también por personas con trastornos en la percepción cromática, como el daltonismo. La intención es clara: que cualquier usuario, independientemente de su capacidad para distinguir ciertos tonos, pueda acceder al contenido gráfico de forma clara, intuitiva y eficaz. Porque diseñar bien no es solo una cuestión de estilo, sino también de inclusión.