Es fácil señalar a las redes sociales como el chivo expiatorio de todos los males modernos: adicciones, desinformación, estafas, trolls. Pero, ¿y si dejamos de lado los prejuicios por un momento? ¿Y si reconocemos que, en esencia, son herramientas con un potencial inmenso, tanto para el caos como para la creación?