La propuesta china de verificar a los creadores que hablan de salud, derecho o finanzas reabre un debate incómodo: ¿debería existir un control sobre quién puede opinar de ciertos temas? Y lo más delicado: ¿quién pone el filtro?
Imagina que para dar consejos sobre cómo organizar tus finanzas personales o mejorar tu bienestar emocional en redes, necesitases presentar tu título universitario. No para ejercer, sino para poder publicar el contenido. Eso es, más o menos, lo que acaba de proponer China: exigir credenciales digitales a quienes hablen de ciertos temas sensibles.