El Ayuntamiento de València ha adjudicado a la empresa Doalco S.A. las obras de reforma del edificio municipal situado en el número 4 de la plaza de Tavernes de la Valldigna, en pleno barrio de El Carme, para convertirlo en la futura sede del Centre del Còmic Micharmut, un proyecto impulsado en colaboración con la Universitat de València y a propuesta de la Cátedra de Estudios del Cómic Fundación SM-Universitat de València. El contrato ronda los 1,5 millones de euros y el plazo de ejecución previsto es de doce meses.

El cómic valenciano ha vivido durante décadas entre la edición popular, el coleccionismo privado, las librerías especializadas, los salones, las revistas, los archivos personales y la memoria de varias generaciones de lectores. Una parte importante de ese patrimonio ha circulado sin una casa pública estable, sostenido muchas veces por autores, familias, investigadores, libreros y aficionados que han entendido mejor que nadie el valor cultural de esas páginas. Ahora, esa historia empieza a tener un lugar físico.
El futuro centro no se presenta como un museo convencional, sino como una infraestructura de archivo y conocimiento. Contará con salas de estudio y consulta, despachos para personal investigador, archivo, área de digitalización y un salón de actos. El inmueble, antigua sede del Centro Excursionista, data del siglo XIX y actualmente alberga en la planta baja la Biblioteca Municipal del Carme-Carles Ros. El Centre del Còmic ocupará las plantas superiores, por lo que convivirá con un equipamiento bibliotecario ya existente.
Una tradición gráfica que necesitaba estructura
València ocupa un lugar central en la historia del tebeo español. La llamada Escuela Valenciana, con autores como José Sanchis, José Palop, Eduardo Vañó, Miguel Quesada o Arturo Rojas, convirtió la historieta en una forma de cultura popular de enorme alcance durante buena parte del siglo XX. Años después, la Nueva Escuela Valenciana renovó el lenguaje del cómic desde una mirada más experimental, urbana y cercana a la ilustración, el diseño gráfico y la cultura visual contemporánea. En esa constelación aparecen nombres como Sento, Mique Beltran, Daniel Torres, Miguel Calatayud, Javier Mariscal y el propio Micharmut.
El centro toma su nombre de Juan Enrique Bosch, Micharmut, nacido en València en 1953 y fallecido en 2016. Su obra se movió siempre en un territorio difícil de encasillar, entre la memoria del tebeo clásico, la abstracción gráfica, el humor, la ironía visual y una manera muy libre de entender la narración secuencial. Elegirlo como referencia no solo homenajea a un autor concreto; también sitúa el proyecto en una tradición que entiende el cómic como lenguaje gráfico, no únicamente como relato ilustrado.
La identidad visual del centro también apunta en esa dirección. Fue diseñada por Estudio Gimeno Gràfic, seleccionado entre varias empresas, y parte de un bocadillo elíptico intervenido con una “M” vinculada a Micharmut. En un centro dedicado al patrimonio gráfico, la marca no es un adorno institucional; forma parte de la manera en que el propio archivo se presenta ante la ciudad.
El Ayuntamiento ha señalado que el centro trabajará en colaboración con la Universitat de València y con la Cátedra de Estudios del Cómic Fundación SM-Universitat de València. Esa conexión académica puede ser decisiva para que el Micharmut no quede reducido a un depósito de materiales o a un espacio ocasional de actividades. La investigación, la formación, la restauración y la digitalización son precisamente los ámbitos que pueden convertirlo en una herramienta útil para autores, estudiantes, docentes, editoriales, comisarios e investigadores.

Entre la promesa cultural y la gestión real
El avance administrativo del Micharmut coincide con otras iniciativas municipales vinculadas al cómic. El Ayuntamiento ha creado el Premio de Cómic Josep Sanchis Grau dentro de los Premios Literarios Ciutat de València, dotado con 10.000 euros, y ha impulsado una ruta urbana de murales dedicada al cómic valenciano y español. También mantiene vínculos con el Salón del Cómic, las Jornadas de Asovalcom y el Festival Internacional del Cómic de Angoulême.
Ese conjunto de acciones muestra la voluntad de posicionar València como ciudad vinculada al noveno arte. La pregunta razonable es cómo se traducirá esa voluntad en continuidad, presupuesto, personal especializado, adquisiciones, programación, acceso público y criterio documental.
La adjudicación de las obras marca, ahora sí, un punto concreto en el calendario. Después de varios anuncios, el centro entra en una fase tangible. Durante el próximo año, el edificio de Tavernes de la Valldigna deberá transformarse en una infraestructura preparada para conservar una parte fundamental de la cultura gráfica valenciana y española.














