Una tipografía es una herramienta y en la naturaleza de las herramientas está la neutralidad. Pero con ciertos asuntos no se puede ser neutral. No se puede ser neutral cuando se trata de esparcir odio contra personas por el simple hecho de pensar diferente, provenir de lugares más o menos lejanos o tener la piel de una tonalidad determinada. No se puede. Punto. Y cuando se diseña una tipografía lo que menos se desea es que ésta sirva de soporte para discursos de odio en los que se denigra y menosprecia a personas. Debe resultar sumamente frustrante ver cómo se usa una tipografía en cuyo desarrollo se ha puesto tanto esfuerzo y entusiasmo para el insulto, la vejación o la mentira.