MAPFRE ha presentado una nueva identidad visual con la que busca reflejar la profunda transformación que ha vivido la compañía en la última década y unificar su presencia en todos los países y líneas de negocio. Se trata del primer cambio de imagen de la aseguradora en más de 40 años y supone una inversión de 70 millones de euros, que incluye tanto el rediseño como la campaña de comunicación global.
La renovación de identidad de MAPFRE es el resultado de un proceso de reflexión prolongado —dos años de trabajo junto a Design Bridge and Partners— orientado a adaptar la marca a un contexto social, tecnológico y cultural radicalmente distinto al de hace una década. Lejos de plantear una ruptura, la compañía ha optado por una evolución controlada que preserva sus elementos más reconocibles mientras los reinterpreta desde claves de cercanía, flexibilidad y uso digital. El cambio afecta a todo el sistema —nombre, símbolo, color, tipografía, lenguaje gráfico y sonoro— y se desplegará de forma gradual a escala global, con el objetivo de reforzar la coherencia de marca en todos los puntos de contacto sin renunciar a valores históricos como el cuidado del cliente y la calidad del servicio.