El Mediterráneo es el escenario ancestral de una herencia cultural común multiforme y diversa. Las lenguas y la escritura nacieron para unir. Y ese afán de diálogo y unión está en la raíz misma de La Grotesque, «una conversación entre amigos».
Una celebración de lo lúdico, como «un divertido viaje de verano desde Marsella (Francia) a La Marsa (Túnez) pasando por Marsala (Italia)». Porque La Grotesque presenta un diseño en paralelo de escritura latina y árabe, con rasgos formales compartidos entre ambos alfabetos.