La letra que quiero, por Enric Jardí

Puede ser que nos encontremos en un momento clave de la imagen tal como lo fue la invención de la imprenta de Gutenberg. El proyecto no se adapta a la letra, sino que es la letra la que se adapta al proyecto. 

En 1991, impulsado por Erik Spiekermann, FontShop Internacional publicó el primer libro en papel que intentaba recopilar todas las fuentes disponibles para ordenador personal. Era un volumen que recogía 24.500 tipografías. En aquella época los encargos se hacían por teléfono o personalmente a tu proveedor local y se entregaba un disquete de 3 y ½. La segunda edición de FontBook ya tuvo dos volúmenes y la última edición en papel que se preparaba se tuvo que cancelar por exceso de novedades. La edición para iPad de 2011 tenía 620.000 tipografías de 110 compañías editoras que todavía llamamos “fundiciones”.

Esta sobreoferta tipográfica empezó con los ordenadores personales, los programas como PageMaker pensados para el desktop publishing (lo que aquí se conoció como “autoedición”) y la aparición de las fuentes instalables.

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