En un mundo convulso donde la mitad de la humanidad acude a las urnas mientras la guerra desangra Ucrania y Gaza, los discursos políticos se radicalizan y la Inteligencia Artificial irrumpe con fuerza, el periodismo se enfrenta a una encrucijada histórica.
La desinformación campa a sus anchas, la confianza en los medios tradicionales se erosiona y los ataques a la prensa libre se multiplican. A ello se suma la incertidumbre económica que acecha al sector, atrapado en el tira y afloja con los gigantes tecnológicos que controlan las redes sociales y los motores de búsqueda.