La idea de partida era que no debía tratarse de una mera traslación a la pantalla de un modelo analógico, sino que debía responder a la lógica de una construcción digital. Por tanto, no se trata de una herencia o revitalización de tipografías previas, ya que no se inspira en ningún arquetipo tipográfico concreto. Tal vez por eso ha sido bautizada como «canon», una apelación directa a que es una especie de compendio o epítome de la idea de serif, pero una serif que ha de desenvolverse sin salir de la pantalla y dar respuesta a las múltiples necesidades del diseño contemporáneo. El canon es la referencia, el modelo que pervive a través del tiempo. Pero no ha de ser inamovible, sino que ha de vibrar para que se mantenga con vida.