Actualizar un título no debería convertirse en una prueba de resistencia. Lorenzo Ordás lo cuenta desde una experiencia propia: la de un diseñador gráfico formado en una escuela superior pública de Aragón que, tras obtener el Título Superior de Diseño por el plan LOGSE, intentó adaptar su expediente al nuevo marco LOE y acabó atrapado durante años en un laberinto administrativo de pruebas de acceso, matrículas ordinarias, reconocimientos parciales, recursos, pagos indebidos y respuestas contradictorias. Su caso expone una grieta especialmente sensible en las enseñanzas artísticas superiores: qué ocurre cuando el sistema trata como alumno nuevo a quien ya había pasado por la escuela pública, ya tenía una titulación oficial y solo pedía que se aplicara la vía de reconocimiento prevista para su situación.

En 2013 obtuve el Título de Diseño, especialidad Diseño Gráfico, conforme al plan LOGSE, en una escuela superior pública de diseño en Aragón. Era el título superior de Diseño vigente entonces, con carácter oficial, equivalente a una diplomatura y con validez en todo el territorio español.
Años después, ya como docente de Diseño Gráfico, decidí iniciar el procedimiento para obtener el nuevo título conforme al marco LOE, puesto que en su momento no pude realizar el curso de adaptación al Grado. Pensé que sería una transición razonable entre planes de estudios: acreditar mi titulación anterior, solicitar el reconocimiento de los créditos correspondientes y cursar solo la formación adicional necesaria, como pudieron hacer las compañeras y compañeros que sí realizaron aquel curso.
No pretendía empezar unos estudios de Diseño desde cero. Ya era titulado en Diseño Gráfico, conocía la disciplina y no accedía por primera vez a una escuela superior de diseño. Sin embargo, lo que comenzó como una consulta académica terminó convirtiéndose en un recorrido administrativo de varios años: prueba de acceso, matrícula como alumno de primero, denegaciones, recursos, reconocimientos parciales, un curso completo perdido, asignaturas cursadas que después fueron reconocidas, pagos de segundas y terceras matrículas, consultas al Ministerio, quejas ante instituciones de garantía y reclamaciones económicas.
Esta historia no trata solo de una convalidación. Trata de lo que ocurre cuando un sistema administrativo aplica a una persona ya titulada una vía pensada para quien empieza desde cero.
La primera indicación: prueba de acceso y matrícula curso a curso
La primera señal apareció cuando consulté al centro cómo debía proceder para actualizar mi título antiguo al nuevo plan de estudios. La respuesta práctica fue que debía realizar la prueba de acceso, matricularme en el nuevo plan y solicitar después el reconocimiento de las asignaturas cursadas en la anterior titulación.
Aquella indicación marcó todo el itinerario posterior. Me preparé para acceder al nuevo título como si iniciara los estudios: realicé la prueba, fui admitido, me matriculé en primero y solicité el reconocimiento de créditos por mis estudios previos de Diseño Gráfico LOGSE. Ahí empezó el bloqueo.
Una denegación difícil de entender
En enero de 2022, el órgano administrativo competente denegó mi solicitud de reconocimiento de créditos. Lo paradójico es que la propia resolución reconocía los elementos esenciales del caso: que yo había cursado estudios superiores de Diseño Gráfico conforme al plan LOGSE, que estaba en posesión del Título de Diseño en la misma especialidad y que solicitaba reconocimiento para el nuevo plan LOE.
La resolución citaba además el Real Decreto 633/2010, de 14 de mayo, cuya disposición adicional cuarta prevé que quienes estén en posesión del Título de Diseño y deseen obtener el nuevo título en la misma especialidad obtendrán el reconocimiento de, al menos, 180 créditos, debiendo superar la formación adicional que determine la Administración educativa.
Sin embargo, después de reconocer ese marco, la solicitud fue denegada. El argumento se centraba en que el nuevo sistema LOE respondía a otro modelo basado en competencias y que no bastaba una equivalencia cuantitativa entre planes. El efecto práctico fue demoledor: aunque yo ya era titulado en Diseño Gráfico, quedaba situado administrativamente como un alumno ordinario de primero.
El absurdo de quedar bloqueado en primero
Al haber entrado por la vía ordinaria, quedé sometido a las normas ordinarias de permanencia y progreso. El primer año no pude superar el mínimo de asignaturas exigido para continuar.
Pero el problema de fondo no era una falta de formación en Diseño. Yo ya tenía un título superior de Diseño Gráfico. El problema era que el reconocimiento que debía ordenar mi expediente no se había producido antes de obligarme a cursar y pagar como alumno nuevo.
El resultado fue absurdo: una persona titulada en Diseño no podía avanzar porque todavía no se le habían reconocido los créditos derivados de su titulación anterior. El curso siguiente lo pasé sin poder matricularme en segundo. Tuve que esperar hasta conseguir que se reconocieran los primeros créditos y solo entonces pude seguir avanzando mediante nuevos reconocimientos.
La experiencia real fue de incertidumbre, bloqueo, desgaste y sensación de tener que demostrar una y otra vez que mi expediente no debía tratarse como el de alguien que empezaba desde cero.
Asignaturas cursadas y matrícula condicional
Uno de los aspectos más incomprensibles fue tener que cursar asignaturas que después terminaron siendo reconocidas. Si esas materias podían reconocerse por mis estudios anteriores, ¿por qué tuve que dedicar tiempo, trabajo, evaluación, matrícula y esfuerzo a algo que posteriormente la propia Administración aceptó como reconocible?
En un procedimiento bien diseñado, primero se analiza la situación real del titulado, después se reconocen los créditos que correspondan y solo entonces se determina qué formación adicional debe cursar. En mi caso, la secuencia funcionó al revés: primero prueba de acceso, matrícula, pago y bloqueo; después recursos, reconocimientos parciales, nuevas matrículas y nuevas reclamaciones.
También llama la atención que no se articulara desde el principio una fórmula menos lesiva, como una matrícula condicionada al resultado del reconocimiento de créditos. Si mi expediente dependía de determinar qué asignaturas debían reconocerse por mi titulación LOGSE, lo razonable habría sido no formalizar una matrícula ordinaria antes de resolver esa cuestión. Esa matrícula condicionada habría evitado pagos, convocatorias o situaciones de permanencia derivadas de asignaturas que después podían ser reconocidas.
La vía aplicada fue la contraria: primero matricularme, pagar y quedar sometido a las normas ordinarias; solo después se fueron resolviendo reconocimientos parciales y sucesivos. Una cuestión administrativa previa se convirtió así en un problema académico y económico que acabé soportando yo.
Tiempo después, al solicitar una aclaración sobre la obligación de matricularme año tras año para poder pedir los reconocimientos, se me indicó que el propio centro no compartía plenamente esa interpretación, aunque la había venido aplicando por ser el criterio mantenido por la administración competente. Aquello resultó especialmente significativo: demostraba que la matrícula curso por curso no respondía a una norma evidente e indiscutible, sino a una interpretación administrativa discutible.
Una respuesta clave del Ministerio
El punto de inflexión llegó cuando consulté al Ministerio de Educación. Una responsable de Enseñanzas Artísticas me respondió por escrito, diferenciando entre el alumnado procedente del plan LOGSE que no había finalizado sus estudios y quienes ya estaban titulados. Mi caso pertenecía a este segundo grupo: titulados LOGSE que deseaban obtener el nuevo título LOE.
La respuesta señalaba que la disposición adicional cuarta del Real Decreto 633/2010 garantizaba para los titulados LOGSE el reconocimiento de “al menos, 180 créditos”. También destacaba que la normativa aragonesa de 2013 establecía el reconocimiento de 210 ECTS para quienes estuvieran en posesión del Título de Diseño LOGSE, si dicha norma no había sido derogada por otra posterior de igual o mayor rango.
Pero la frase más importante era otra. Según aquella respuesta, “en ningún caso parece oportuno” dar tratamiento de alumno nuevo a quien, estando en posesión del Título de Diseño, desea obtener el Título de Graduado o Graduada en Diseño en la misma especialidad. Tampoco parecía tener sentido exigir prueba de acceso ni matriculación en primer curso sin haber procedido previamente al reconocimiento de créditos y al estudio personalizado de adaptación curricular.
Esa respuesta confirmó por escrito lo que yo llevaba años defendiendo: mi expediente no debía haberse tramitado como si empezara desde cero.
Una institución de garantía recogió el problema
El Justicia de Aragón analizó el caso y recogió con precisión el núcleo del problema: cuando solicitaba el reconocimiento de créditos, se me denegaba la convalidación total y se me obligaba a matricularme año a año, realizando cada reconocimiento de forma progresiva.
También señaló que la normativa autonómica de 2013 reconocía 210 créditos para quienes estuvieran en posesión del Título de Diseño y que no constaba su derogación. Además, consideró que la falta de oferta del curso complementario durante años podía generar un tratamiento desigual respecto a quienes sí pudieron realizarlo.
La institución sugirió valorar el reconocimiento en unidad de acto de los créditos correspondientes del título LOGSE al nuevo título LOE, así como ofertar de nuevo una formación complementaria o permitir superar los créditos restantes mediante un sistema alternativo. Era exactamente el punto que yo llevaba defendiendo.
El reconocimiento llegó, pero tarde
Finalmente, en 2024, el órgano administrativo competente dictó una resolución reconociéndome 180 créditos del Título de Diseño LOGSE por asignaturas de primero, segundo y tercero del nuevo Título Superior de Diseño, y autorizando mi matrícula en cuarto curso.
Es decir, después de años de prueba de acceso, matrícula en primero, denegación, recurso, bloqueo, curso perdido, reconocimiento parcial y nuevas solicitudes, la Administración terminó aceptando que mi situación debía resolverse reconociendo los tres primeros cursos y situándome en cuarto.
La pregunta resulta inevitable: si finalmente se reconoció que el expediente debía organizarse así, ¿por qué tuve que pasar antes por una vía de alumno nuevo? ¿Por qué tuve que pagar, esperar, recurrir y cursar asignaturas que después fueron reconocidas?
El daño económico
El problema no fue solo académico. También fue económico. La vía aplicada me llevó a pagar matrículas y precios públicos que considero derivados de una interpretación incorrecta de mi expediente.
En mi reclamación posterior solicité la devolución de las cantidades que considero indebidamente abonadas, por un importe superior a 1.500 euros. La reclamación se fundamenta en que no se me debió aplicar una matrícula ordinaria curso a curso, sino un procedimiento específico de reconocimiento de créditos conforme al Real Decreto 633/2010. También planteé que se me habían cobrado segundas y terceras matrículas no como consecuencia de una trayectoria académica ordinaria, sino de un procedimiento defectuoso, y que se había omitido la posibilidad de una matrícula condicional.
El dinero es la expresión material del problema: una interpretación administrativa tiene consecuencias reales en la vida de una persona.
Una Administración que corrige cuando el daño ya está hecho
A lo largo de este proceso he tenido que recurrir, pedir informes, solicitar acceso a documentación, consultar al Ministerio, acudir a instituciones de garantía, plantear reclamaciones económicas y ordenar un expediente enorme para demostrar algo sencillo: que ya era titulado en Diseño Gráfico y que no debía ser tratado como alumno nuevo.
El problema se fue corrigiendo poco a poco, pero siempre tarde: denegación, estimación parcial, primeros reconocimientos, posibilidad de situarme en cuarto, reconocimiento de asignaturas de primero, segundo y tercero y, finalmente, reclamación del dinero pagado.
Cada corrección administrativa llegaba cuando el perjuicio ya se había producido. No basta con que una Administración acabe reconociendo algo años después. También debe responder por lo ocurrido mientras tanto: pagos, matrículas, tiempo perdido, inseguridad, desgaste y asignaturas que no habría sido necesario cursar si el expediente se hubiera enfocado correctamente desde el principio.
El diseño de un mal sistema
Hay una ironía dolorosa en todo esto. Quienes trabajamos en diseño sabemos que un sistema mal diseñado produce errores. Una mala interfaz puede hacer que una persona pague de más, elija mal, abandone o crea que el problema es suyo cuando en realidad el fallo está en el sistema.
Mi experiencia administrativa funcionó exactamente así. La información inicial no fue clara. La vía aplicada no parecía ajustarse a mi situación real. El centro llegó a reconocer que no compartía plenamente la interpretación de la administración competente. Una responsable ministerial afirmó que no parecía oportuno tratarme como alumno nuevo. Una institución autonómica de garantía sugirió valorar otra vía de reconocimiento. Y la propia Administración acabó reconociendo los 180 créditos y situando mi expediente en cuarto curso. Pero para llegar ahí hicieron falta años.
En diseño hablamos de estructura, legibilidad, jerarquía, coherencia y experiencia de usuario. La Administración educativa debería aspirar a esos mismos principios cuando gestiona derechos académicos de personas que ya pasaron por el sistema público de enseñanzas artísticas. Un procedimiento mal diseñado agota, desorienta, cuesta dinero y obliga al ciudadano a demostrar una y otra vez lo que sus documentos ya acreditan.
Lo que pido
Pido reconocer que no debí ser tratado como alumno nuevo; que se revise la interpretación que me obligó a matricularme curso por curso; que se analicen las matrículas abonadas, incluidas segundas y terceras, y que se responda expresamente a la reclamación de devolución de importes.
Y pido, sobre todo, que este caso sirva para revisar cómo se informa y se tramita la adaptación de títulos anteriores en las enseñanzas artísticas superiores.
Durante años no he pedido un favor. He pedido que se aplicara correctamente la normativa prevista para quienes ya teníamos un Título de Diseño LOGSE y queríamos obtener el nuevo título LOE en la misma especialidad.
Actualizar un título no debería convertirse en una prueba de resistencia. Una escuela pública no debería aplicar durante años un criterio con el que no necesariamente está de acuerdo. Una Administración no debería obligar a un titulado a entrar como alumno nuevo si existe una vía específica de reconocimiento.
Y nadie debería pagar, repetir, cursar y reclamar durante años para que al final el sistema termine acercándose a lo que debió hacer desde el principio.
La pregunta final no es solo qué ocurrió en mi expediente. La pregunta es cuántas personas desisten antes de llegar hasta aquí. Cuántas pagan, cuántas repiten, cuántas aceptan, cuántas abandonan.
Y cuántas veces un problema administrativo acaba pareciendo un fracaso personal cuando, en realidad, lo que ha fallado es el diseño del sistema.










