Diseña el cartel de la Feria de Sevilla en Miami y elige entre cobrar o entrar

La Feria de Sevilla en Miami busca el cartel oficial de su edición de 2027 y ofrece a cambio 350 dólares o unas entradas para el evento. La organización llama a participar a artistas, ilustradores y diseñadores gráficos de cualquier parte del mundo, aunque ni siquiera sus bases aclaran bien la recompensa: la versión en español y la inglesa prometen cosas distintas.

Cuando parece que ya se han explorado todas las fórmulas posibles para conseguir el trabajo creativo sin contratar a quien lo realiza, siempre aparece una nueva. Unas veces el premio son dos entradas VIP, otras un un viaje, la posibilidad de acudir al acontecimiento o una cantidad económica que no guarda relación con el encargo. En Miami, diseñas la imagen oficial de una feria internacional y después has de elegir entre cobrar 350 dólares o entrar al recinto acompañado. Todo menos pagar, que es lo único que tienen que hacer.

Las personas interesadas tienen hasta el 15 de septiembre para presentar una ilustración original que represente la tradición andaluza y su encuentro con Miami. La inteligencia artificial queda expresamente prohibida, de modo que la organización quiere una obra concebida y ejecutada por una persona, con su experiencia, sus ideas, sus pruebas, sus bocetos, sus correcciones y, naturalmente, sus horas de trabajo.

Una vez más, todo ese trabajo no se presenta como un servicio profesional que la feria necesita contratar, sino como una oportunidad abierta para que artistas, ilustradores y diseñadores demuestren su talento. La organización necesita un cartel, pero la convocatoria transforma esa necesidad concreta en una experiencia participativa, casi festiva, donde parece que el principal beneficiado es quien tiene la suerte de trabajar para el evento.

Según la versión -en español o inglés-, se ofrecen diferentes entradas y/o 350 dólares. Pero el problema de fondo no depende de si son cuatro entradas, diez o una combinación de ambas con el dinero. 

La organización no tiene que regalar acceso a la feria, prometer reconocimiento ni presentar la participación como una ocasión para «hacer historia», como indican en su post de Instagram. Tiene que contratar un servicio, del mismo modo que contratará el montaje de las casetas, la seguridad, la producción técnica, el sonido, la restauración o cualquier otra tarea imprescindible para celebrar el evento.

Sería difícil imaginar una convocatoria internacional para elegir al proveedor de baños portátiles cuyo premio consistiera en asistir gratis a la feria. Cuando el servicio es técnico, logístico o material, suele entenderse que hay una empresa, un presupuesto y una factura. Cuando el servicio es creativo, en cambio, aparece la palabra concurso y todo empieza a parecer negociable.

Siguen haciéndose concursos especulativos porque sigue habiendo gente dispuesta a presentarse. Pero, de todas formas, las organizaciones «no obligan a nadie a presentarse». Es el argumento comodín con el que se pretende cerrar cualquier crítica, como si el carácter voluntario de la convocatoria la hiciera razonable. La excusa participativa les deja además presentar el procedimiento como algo democrático y generoso. Cualquiera puede participar, cualquiera puede ganar y cualquiera puede hacer historia. Lo que cualquiera no puede hacer es cobrar.

No hay que inventar recompensas originales ni alternativas sustitutivas. Hay que pagar. Se me ocurre: contratad a un profesional, analizad su trayectoria, acordad unos honorarios y desarrollad el proyecto mediante un proceso de trabajo conjunto.

Salir de la versión móvil