Un productor musical desconocido logró infiltrarse durante meses en el sistema de pagos por reproducción de las principales plataformas de streaming —Spotify, Apple Music, YouTube y Amazon Music— utilizando canciones generadas por inteligencia artificial y miles de bots que simulaban oyentes reales. El plan le permitió ingresar más de 10 millones de dólares en derechos fraudulentos antes de que el FBI lo desenmascarara. Así funcionó el mayor fraude digital en la historia reciente de la industria musical.
El cerebro detrás del timo
Michael Smith no era un nombre conocido en el circuito musical. Desde Carolina del Norte, y sin firmar con ningún sello, logró colarse en los engranajes del negocio global del streaming gracias a una combinación de tecnología y audacia. Smith no componía canciones, ni contrataba músicos. Utilizaba software de inteligencia artificial para generar temas musicales genéricos y sin identidad clara, firmados con nombres aleatorios, como si fueran artistas reales.