Escuché esta frase en la calle, lanzada al aire por un chaval de unos 16 o 18 años, con ese pelo a lo casquete que ahora tanto se lleva. No había contexto, solo la frase suelta: “ChatGPT me ayuda más que el profesor”. Me encantan esas frases que aparecen de repente, entrecortadas, sin explicación, porque a veces dicen más que una conversación completa. Y esta lo dice todo.
Está pasando algo silencioso, casi a espaldas de todos: adolescentes —y no tan adolescentes— han encontrado en la inteligencia artificial el mentor perfecto. Un oráculo al que preguntarle cualquier cosa, que contesta siempre, amable, incansable, sin cuestionar nada. Tenemos un problema serio, porque la educación, las escuelas y los profesores pueden volverse innecesarios u obsoletos en nada… si no lo están ya.