Bloom Hunter celebra su primer año en Alicante con una propuesta que reúne obra de más de 60 artistas como Ana Jarén, Ilu Ros, Koko Che Jota, Lalauri o Marina Sanchís. El espacio combina reproducciones gráficas asequibles, obra seriada, piezas originales y formatos menos convencionales con una programación mensual de exposiciones gratuitas.

Hace un año, Mar y Davide abrieron Bloom Hunter en el centro de Alicante con una idea bastante concreta: crear un espacio físico dedicado a la ilustración y la obra gráfica contemporánea y, al mismo tiempo, acercar ese trabajo a un público que no necesariamente está acostumbrado a entrar en una galería o comprar arte.
El proyecto se encuentra cerca del Mercado Central y de la Rambla y funciona a medio camino entre tienda, espacio expositivo y punto de encuentro alrededor de la cultura visual. Actualmente reúne trabajos de más de 60 artistas y creadores españoles, entre ellos Ana Jarén, Ilu Ros, Koko Che Jota, Lalauri o la ilustradora y ceramista alicantina Marina Sanchís.
El propio nombre del proyecto parte de un juego con el concepto de trend hunter, el cazador de tendencias. En Bloom Hunter prefieren hablar de «cazar» proyectos a los que merece la pena dar espacio para crecer, aunque la propuesta resulta más interesante cuando se aleja de esa terminología y se observa desde algo bastante más sencillo: disponer de un lugar en el que descubrir ilustradores, ver sus trabajos físicamente y poder llevárselos a casa sin que la compra de una obra tenga que convertirse necesariamente en una inversión importante.
Ese planteamiento explica buena parte de su catálogo. Bloom Hunter trabaja con reproducciones gráficas a precios relativamente accesibles, pero también con obra seriada, originales y piezas realizadas en otros soportes. Entre estas últimas aparecen, por ejemplo, los cuadros cerámicos de Koko Che Jota o las piezas de Marina Sanchís, ampliando una selección que no se limita al formato tradicional de lámina impresa y enmarcada.

De la pantalla a la pared
La aparición de espacios de este tipo tiene algo de respuesta a una paradoja bastante habitual en la ilustración contemporánea. Nunca había sido tan sencillo descubrir el trabajo de miles de artistas y, al mismo tiempo, gran parte de ese descubrimiento sucede reducido a una pantalla de unos pocos centímetros.
Instagram, Pinterest y las tiendas online han facilitado que un ilustrador pueda encontrar público sin necesidad de estar representado por una galería o contar con una gran estructura detrás. Pero una impresión, una serigrafía, una risografía, una pieza cerámica o un original continúan siendo objetos físicos. El papel tiene gramaje, las tintas reaccionan de determinada manera, las dimensiones importan y las pequeñas diferencias entre una reproducción y una obra seriada resultan mucho más evidentes cuando ambas están delante.
Bloom Hunter intenta trabajar precisamente en ese punto intermedio. Aunque dispone de tienda online, sus responsables reconocen que la selección más amplia y particular se encuentra en el establecimiento físico. No es una cuestión menor. Frente a la lógica prácticamente infinita del catálogo digital, el espacio obliga a seleccionar, ordenar y poner unas obras junto a otras.
Ahí aparece también una de las funciones más interesantes de este tipo de proyectos: la prescripción. Mar y Davide no se limitan a disponer productos en unas estanterías, sino que construyen un pequeño catálogo de autores y establecen relaciones entre sus trabajos. Para alguien que conoce de memoria a determinados ilustradores puede ser una tienda; para quien entra sin demasiadas referencias, funciona también como una puerta de entrada a una escena creativa mucho más amplia.
La voluntad de hacer accesible la compra de ilustración atraviesa buena parte del proyecto. No todo el mundo puede —ni quiere— comenzar una colección adquiriendo originales, pero una reproducción gráfica o una edición limitada permite establecer otro tipo de relación con el trabajo de un creador. Entre el póster producido masivamente y la pieza única existe un territorio bastante amplio que durante los últimos años han ocupado ilustradores, pequeños editores, talleres de impresión y espacios especializados.
Bloom Hunter se sitúa deliberadamente en ese territorio. La idea no consiste únicamente en vender decoración, aunque inevitablemente buena parte de las obras terminarán colgadas en una pared. Se trata también de introducir el nombre del autor, la edición, la técnica o el soporte dentro de la decisión de compra. Una diferencia pequeña en apariencia, pero importante si lo que se pretende es que detrás de cada imagen siga existiendo un creador reconocible.

Un espacio que también quiere ser programación
La actividad de Bloom Hunter no termina en el catálogo. Desde su apertura, el establecimiento organiza exposiciones mensuales de acceso gratuito, una manera de mantener vivo el espacio y permitir que los trabajos ocupen temporalmente un contexto diferente al de la tienda.
Este componente expositivo ayuda también a entender el proyecto más allá de su dimensión comercial. Alicante cuenta con museos, centros culturales, galerías y una comunidad creativa consolidada, pero los espacios específicamente vinculados a la ilustración, la edición gráfica y los formatos de pequeño coleccionismo siguen siendo menos habituales que en ciudades como Madrid o Barcelona.
Precisamente ahí se encontraba una de las intuiciones que llevó a sus fundadores a poner en marcha Bloom Hunter. Mar y Davide consideraban que existía margen en Alicante para un establecimiento de estas características y, un año después, continúan ampliando una selección que mezcla nombres conocidos con otros autores menos visibles.
No se trata tanto de «descentralizar la cultura», como señalan sus responsables —una expresión quizá demasiado grande para una tienda de estas dimensiones— como de hacer algo bastante más tangible: conseguir que determinados proyectos culturales y comerciales no tengan que ocurrir siempre en las mismas dos ciudades.
Porque la descentralización también sucede así, a una escala pequeña. Cuando alguien puede descubrir una edición de un ilustrador, asistir a una exposición o comprar una pieza original simplemente caminando por el centro de Alicante, aparece una infraestructura cultural que antes no estaba ahí. No necesita proclamarse como tal para cumplir esa función.
Después de su primer año, Bloom Hunter continúa funcionando bajo esa fórmula híbrida entre comercio, exposición y selección editorial. Un lugar donde una lámina puede ser el primer contacto de alguien con la obra de un ilustrador y donde el catálogo se convierte, al menos durante un rato, en algo que puede tocarse, recorrerse y observarse sin deslizar el dedo por una pantalla.














