Al frente de La Fábrica, reciente Mención del Premio Nacional de Diseño, está Alberto Fesser. Se nota que es un tipo ‘culturizado’ y que sabe muy bien donde está. Y está en una de las instituciones más culturales que conozco. Culturales y de diseño, porque el diseño lo tienen impregnado en el ADN, no son ningún añadido. Es diseño bien entendido. En la redacción nos alegramos mucho del premio, porque reafirma como desde una empresa privada se puede trasladar el diseño a la sociedad sin discursos vacíos. Seguro que a Alberto Anaut le hubiera encantado este premio. Desayunar, aunque sea digitalmente, con Alberto Fesser es una delicia. Pide un café que empezamos.

Empecemos como corresponde en un desayuno de domingo. ¿Qué desayuna Alberto Fesser cuando tiene tiempo y no tiene que salir corriendo? ¿Eres de repetir siempre el mismo ritual o el desayuno depende del día, del lugar y de la compañía?
Café con leche, tostadas con tomate y aceite, un trozo de bizcocho, una naranja cortada y una vela encendida. El reto es cortar la naranja y colocarla en el plato cada día de forma diferente.
Estudiaste Ingeniería y trabajaste durante años en consultoría antes de incorporarte a La Fábrica. ¿Cómo acaba un ingeniero dedicando buena parte de su vida a crear revistas, festivales, exposiciones y proyectos culturales? ¿Qué queda todavía de aquella formación en tu manera de ordenar las ideas y tomar decisiones?
En la carrera aprendimos mil cosas, desde cómo congelar guisantes hasta diseñar cajas de cambios o líneas de alta tensión. Yo pensaba que en mi trabajo solo aplicaría alguna de esas cosas, pero no, nunca apliqué ninguna. Ni en consultoría ni en cultura. Pero lo que me enseñaron me ordenó la cabeza de una cierta manera y, lo que he comprobado, es que los proyectos son mucho mejores si en el equipo conviven personas con las cabezas ordenadas de distinta manera.
El Premio Nacional de Diseño reconoce a La Fábrica por no limitarse a contratar diseño, sino por construir sus proyectos desde él. ¿En qué momento entendisteis que el diseño no debía llegar al final para hacer las cosas más atractivas, sino estar desde el principio para darles forma, sentido y continuidad?
Esta idea la aprendí de Alberto Anaut, que lo tenía muy claro desde el inicio: El diseño no es un envoltorio para vender mejor un producto, es una parte esencial del mismo.
La historia de La Fábrica está atravesada por una idea muy sencilla, «nada da igual». Después de treinta años trabajando en libros, exposiciones, festivales y centros culturales, ¿cómo se mantiene esa atención al detalle sin convertirla en una fórmula o en un estilo que acaba repitiéndose?
Esa frase se puede interpretar a distintos niveles, desde el cuidado de los pequeños detalles, a la responsabilidad por la repercusión social de nuestro trabajo. No nos gusta la cultura por la cultura, sino por su impacto en las personas. Así se lo intentamos transmitir a todos los que se incorporan a nuestro equipo.
¿Qué objeto de diseño guardas en casa como un pequeño tesoro? Ese que salvarías de un incendio, aunque quizá no fuera el más caro ni el más conocido. ¿Qué historia tiene y por qué significa tanto para ti?
Se me ocurre que sería muy interesante escribir la biografía de alguien a partir de los objetos que ha ido guardando. Si tengo que elegir uno, sin duda la colección de MATADOR, de la A a la Z, y en particular el primer volumen, con el puño de Jimmy Fox en la portada. El sueño hecho realidad de Alberto Anaut, que elegimos como imagen del premio que hemos creado con su nombre para recordarle.
Ahora que La Fábrica ha recibido el Premio Nacional de Diseño, ¿te sentirás obligado a comprarlo todo «de diseño» o te permites convivir con objetos torpes, feos o simplemente mal resueltos? ¿Hay algún mal diseño que conserves por cariño, costumbre o pura utilidad?
Creo que es cuestión de sensibilidad. A mi me cambia la vida que me gusten y funcionen bien las pinzas de la ropa, el sacacorchos o la bicicleta.
A lo largo de estos años has conocido a muchas de las figuras más relevantes de la fotografía, el arte, la arquitectura y el diseño. Tomando prestado el nombre de la revistaMatador, ¿quién dirías que es un verdadero “matador” del diseño? ¿Qué persona te ha impresionado no solo por su obra, sino por su manera de mirar, trabajar o relacionarse con los demás?
Recientemente, Sir Paul Smith.
Y si el Premio Nacional de Diseño dependiera exclusivamente de ti, ¿a quién se lo concederías? Puede ser alguien reconocido, una figura poco visible o una persona cuyo trabajo creas que todavía no ha recibido la atención que merece.
Se lo daría a la naturaleza, con mención especial a los árboles, las nubes, la lluvia, el Mediterráneo, las peonías, los peces, el cuerpo humano…
La cultura suele moverse entre la fragilidad económica, la dependencia institucional y la necesidad de encontrar público. La Fábrica ha defendido un modelo basado en reunir empresas, administraciones, autores y profesionales alrededor de un proyecto común. ¿Puede el diseño contribuir también a que la cultura sea sostenible o existe el riesgo de utilizarlo como un envoltorio atractivo que esconda problemas más profundos?
La viabilidad económica será más solida en la medida en que los proyectos contribuyan a los objetivos de cada una de las empresas o instituciones que lo sostienen. El diseño puede contribuir a que cada uno encuentre el retorno que justifique su inversión.
Quienes trabajamos en diseño conocemos su dimensión cultural, su capacidad para explicar una época y la influencia que tiene en nuestra vida cotidiana. Sin embargo, sigue siendo probablemente la única gran disciplina cultural que no depende del Ministerio de Cultura. ¿Por qué crees que ocurre? ¿Es un problema de reconocimiento, de organización del sector o de la propia dificultad del diseño para explicarse?
En La Fábrica compartimos lo que dices, por eso pusimos en marcha Madrid Design Festival, para reconocer e impulsar el diseño desde la cultura.
¿Cómo se podría resolver esa anomalía? ¿Necesita el diseño una institución pública propia, una política cultural más ambiciosa, una mayor presencia en los museos o simplemente dejar de presentarse únicamente como una herramienta al servicio de la empresa y la innovación?
Lo que planteas del diseño, lo hago extensivo a toda la cultura. ¿Cómo puede ser que, con su impacto en la vida de las personas y su capacidad de transformación social no tenga un mayor reconocimiento, recursos e interés por parte de las administraciones, empresas o medios de comunicación? No lo vamos a cambiar de golpe, sino muy poco a poco, así que no hay tiempo que perder.
La Fábrica ha trabajado en proyectos como Matador, PHotoESPAÑA, Madrid Design Festival, NotodoFilmFest o el Festival de las Ideas. Todos han tenido que encontrar una forma propia de hablar y presentarse. ¿Qué distingue un proyecto cultural bien diseñado de otro que simplemente tiene una imagen gráfica cuidada?
Un mal proyecto con un buen diseño te podría engañar solamente el primer día. Por el contrario, un buen proyecto, no puede permitirse no parecerlo por falta de diseño. En cultura, lo esencial es el contenido, pero lo esencial, también, es la comunicación. El diseño es contenido y es comunicación.
De todos los proyectos desarrollados por La Fábrica, ¿cuál te habría gustado vivir como alguien del público, sin saber cuánto trabajo, negociación y tensión había detrás? ¿Hay alguno que todavía seas capaz de disfrutar sin analizar inmediatamente lo que se podría haber hecho mejor?
Siempre he pensado lo mismo. Cuando conoces las tripas de un proyecto, se pierde la inocencia del espectador y, si eres responsable de que todo salga bien, no lo puedes disfrutar igual.
¿Qué detalle de diseño te molesta de manera desproporcionada en la vida cotidiana? Puede ser una señal mal colocada, una carta de restaurante imposible de leer, un interruptor, un formulario o cualquier objeto que te haga pensar que alguien no dedicó los cinco minutos necesarios a resolverlo bien.
Le tengo mucha manía a los restaurantes que te ofrecen un código QR por menú. Y a los productos que te resuelven problemas que no teníamos, como la nevera que se quiere conectar a internet o la impresora que te ofrece comprar ella el papel y la tinta. También me duelen los ojos con la mala iluminación, tan extendida en locales públicos. Y el ruido también es un pésimo diseño.
Tras la muerte de Alberto Anaut en 2023, asumiste la presidencia de La Fábrica y la responsabilidad de continuar un proyecto construido conjuntamente durante décadas. ¿Qué parte de aquella manera de entender la cultura consideras irrenunciable y qué cosas necesitan cambiar para que La Fábrica siga teniendo sentido hoy?
Alberto y yo escribimos el Libro Blanco de La Fábrica allá por el año 2000, con la idea de explicar nuestros valores al equipo y colaboradores. Cuando lo quisimos renovar veinte años después, pensando que estaría obsoleto, la sorpresa fue que no hacía falta cambiar ni una coma. La esencia es la misma, pero la forma de cada proyecto hay que replantearla cada día. El mayor enemigo de un proyecto de éxito es la rutina y una forma muy buena de combatirla es renovar a las personas que están al frente, dando oportunidad a los más jóvenes.
El Premio Nacional llega cuando La Fábrica cumple treinta años. Cuando pase la celebración y el galardón encuentre su lugar en la oficina, ¿qué te gustaría que ocurriera después? ¿Cómo imaginas La Fábrica dentro de otros treinta años y qué te gustaría que nunca llegara a ser?
Dentro de treinta años seguirá habiendo creadores, con otras herramientas, y público al que llegar, con otros formatos. La Fábrica seguirá teniendo una función que cumplir acercando los unos a los otros. Y espero que siga existiendo el papel.
Para terminar y volver a la mesa del desayuno, ¿qué periódico, revista, libro, música o conversación acompaña tu domingo perfecto?
Si es un domingo perfecto, igual toca la final de Wimbledon o de Roland Garros.









