Milton Glaser reflexiona sobre el miedo al fracaso

Para muchos, Milton Glaser es la personificación del diseño gráfico americano durante la segunda mitad del siglo XX. Todavía en activo, su presencia e impacto en la profesión a nivel internacional es incuestionable. Su carrera, inmensamente creativa y elocuente, muestra a un hombre moderno del renacimiento –una especie rara de diseñador/ilustrador/intelectual–, que nos acerca una profundidad de comprensión y pensamiento conceptual, combinado todo ello con una gran riqueza del lenguaje visual.Interesante reflexión de Milton Glaser sobre el miedo al fracaso

A continuación, una gran lección de Milton Glaser en formato vídeo en el que, durante siete minutos, reflexiona acerca de cómo solo fracasando es posible evolucionar como persona y como profesional.

«Temor al fracaso

Es una frase que requiere algo de reflexión.

A la vez que tengo la sensación de que a menos que analicemos tanto la naturaleza del miedo como del fracaso, no podremos llegar a un acuerdo acerca de las consecuencias del miedo.

Cuando hablo con mis estudiantes sobre la distinción entre profesionalismo y el desarrollo personal, a menudo me lo planteo de la siguiente manera: En la vida profesional debes descubrir cierta identidad de ti mismo, que terminará convirtiéndose en una especie de marca registrada. Una manera de trabajar que es distintiva y por la que la gente pueda reconocerte. Es por esto que el camino al éxito financiero y a la notoriedad nace de tener algo que nadie más tiene. Es como una especie de ‘marca’ –una de mis palabras más despreciadas–. Así que lo que haces en la vida para llegar a ser un profesional, es desarrollar tu ‘marca’; tu forma de trabajar, tu actitud, de modo que pueda ser comprensible para otros.

En la mayoría de casos resulta ser algo bastante acotado como ‘esta persona sabe realmente cómo dibujar cocker spaniels’ o ‘esta persona es muy buena con la tipografía de formas más femeninas’, o cualquiera que sea ese atributo en particular. Y entonces descubres que tienes algo que ofrecer que es mejor que lo que ofrecen otros. O al menos más distintivo. Y lo que haces con eso es convertirte en un especialista. Y la gente te llamará para obtener más de aquello a lo que estás acostumbrado a hacer.

Así que si haces algo y eres conocido por ello, la gente te encargará más de eso. Y, posiblemente, para el resto de tu vida tendrás esa característica. La gente te seguirá pidiendo aquello que ya has hecho y tendrás éxito en ello. Ese es el modo con el que alcanzar el logro profesional. Tienes que demostrar que sabes algo único que podrás repetir una y otra, y otra vez, hasta que en un determinado momento llegues a perder interés en ello.

La consecuencia de la especialización y del éxito es que te daña. Te daña porque básicamente no ayuda a tu desarrollo. La verdad en todo esto es que hay que entender el desarrollo a partir del fracaso. La gente empieza a mejorar cuando falla. Avanzan en pos del fracaso. Descubren algo como resultado de haber fracasado. Vuelven a fallar, descubren algo nuevo, fracasan nuevamente y descubren otra cosa. Así que el modelo para el desarrollo personal es contrario al del éxito profesional. Y como consecuencia…

Yo creo que Picasso es el modelo más útil que podemos tener –en términos de su huella artística– porque tan pronto como Picasso aprendía a hacer algo, lo abandonaba. Y a consecuencia de ello –en términos de su desarrollo como artista–, los resultados fueron extraordinarios. Es lo opuesto a lo que sucede al ser etiquetado en tu logro profesional. Pero, avanzando desde esa idea en particular hacia la idea del temor al fracaso, el cual es una característica inhibidora,… Una pregunta sería: ¿A qué le tienes miedo? ¿A ser juzgado por los otros? Si haces algo y es inadecuado, ¿es acaso la crítica de analistas y otros expertos, o incluso de tus amigos y familiares, la cual podría avergonzarte o hacerte sentir no merecedor de seguir adelante?

Por supuesto, en el caso de la vida profesional, el temor es que no puedas conseguir más trabajo, porque el fracaso visible es un prejuicio que la gente tiene –quizá correctamente– de que no sabes lo que estás haciendo. Así que tenemos ese factor inhibidor.

Otro, quizás más profundo e interesante, es nuestra propia autocrítica. Una característica de la ecuación artística es que la gente te diga que eres un genio. Que eres un genio artista y que eres un genio creativo. Así que todos tienen esta idea de que si vas a una escuela de arte, eres un genio. Tristemente, eso no es verdad. La genialidad ocurre muy rara vez. Así que, lo verdaderamente vergonzoso acerca del fracaso, es tu propio conocimiento de que no eres un genio. De que no eres tan bueno como pensabas que eras. Y hacer un proyecto que es verdaderamente complejo y difícil, pone a prueba tu fiabilidad. Y dado que todos tenemos un ego sensible dentro de nuestra fachada de confianza, aquello que más tememos es nuestro propio conocimiento de que realmente no estamos del todo seguros de saber qué estamos haciendo.

Solo hay una solución –y está relacionada con aquello que decía antes–: debes aceptar el fracaso. Debes admitir lo que es. Debes descubrir de lo que eres capaz y de lo que no eres capaz. Es la única forma de lidiar con el tema de éxito y el fracaso porque, de otra manera, nunca te sujetarás a la posibilidad de que no eres tan bueno como quieres ser, esperas ser, o como otros piensan que lo eres, porque ese es por supuesto algo ilusorio.

Así que mi consejo al miedo al fracaso, la cual es una especie de idea romántica y de la cual solo hay una salida, es: acepta el fracaso».