El humor ácido y las conductas transgresoras de Gombrowicz reflejadas en la revista Witolda

Con ilustraciones de Daniel Roldán, Cristian Turdera, Eugenia Mello, Bernardo Henning, Ganz Toll, Santi Pozzi, Rep, Gabriel Mahia y Christian Montenegro entre otros, la revista Witolda, –en homenaje al escritor polaco Witold Gombrowicz–, ofrece decena de lecturas a partir de su concepto gráfico provocador y alejado de las convenciones de las revistas literarias.

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Así como la biógrafa Klementyna Suchanow asevera en el texto Gombrowicz, una biografía que «por un lado Europa no lo aceptaba, por otro, él no aceptaba a Polonia», similares razones existen para pensar que posiblemente Witolda no sea aceptada por los susceptibles lectores de revistas literarias. Demasiado pop, demasiado contemporánea, demasiada tinta especial para conceptualizar a un hombre de letras y traje gris del siglo pasado. Y precisamente allí Witolda brilla. Por espíritu colaborativo, por contenidos actualizados y por insertar con autoridad de comité a Gombrowicz entre las nuevas conversaciones generacionales.

Según Javier Reboursin, director de arte de la revista, «creo que el público lector de Gombrowicz entendió a la perfección la intención, tuvimos muy buenas repercusiones y hubo hasta incluso gente que conectó la tapa con la tradición gráfica polaca. Por supuesto siempre hay algún defensor de la solemnidad que debe andar indignado por ahí. Pero en eso también hay algo de satisfacción. Bastante, diría».

Witold Gombrowicz fue un escritor polaco que llegó a Argentina en 1939. Tenía un humor ácido, conductas transgresoras y una vida sexual escandalosa que causaron revuelo en el ambiente literario argentino, y lo convirtieron en el referente de una vanguardia. Cuando volvió a Europa, dos décadas después, lo hizo al grito de “Maten a Borges”.

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Ilustración de Anila Najlis, texto de Tomasz Tyczynski.

Si Witolda, publicada por el Congreso Gombrowicz, reúne en su tapa ecos de maestros clásicos como Lech Majewski, la patafísica y otras técnicas surrealistas, su materialidad apunta a un público objetivo atento a la singularidad de nuestros tiempos. Señala Reboursin, «más allá del público particular que consume este tipo de contenidos, nuestro principal objetivo es difundir la obra de Gombrowicz a nuevos lectores, a gente joven, personas no necesariamente involucradas en círculos literarios. Básicamente, a los lectores a los que apuntaba Witold. Es por eso que nos parecía importantísimo que fuese atractiva e impactante, y en eso se vuelve fundamental el aporte visual que hicieron veinte de los mejores ilustradores argentinos, de los cuales estamos muy orgullosos y agradecidos de que se hayan sumado al proyecto».

En base a tu experiencia conviviendo con el mito Gombrowicz y los distintos autores e ilustradores, ¿puedes sintetizar lo que significa la figura de Witold Gombrowicz?

Javier Reboursin: Witold es ante todo un personaje incómodo y difícil de categorizar. Gombrowicz fue un escritor polaco, acomodado económica y socialmente, pero que eligió irse de su país (un poco por la guerra que se venía, pero sobretodo para huir de la “tradición europea” que tanto le pesaba) y que terminó viviendo en el otro extremo del mundo, Argentina, durante más de 24 años, pobre, trabajando en un banco y con enormes dificultades con el idioma. Era provocador, confrontador, disruptivo. Acá eligió hacerse de enemigos de la talla de Borges, y es lo ponía en un lugar de outsider dentro de la escena literaria local. Y Argentina, a su vez, lo convertía en un outsider de la escena literaria mundial (Europa). Probablemente uno de los mayores exponentes mundiales de la literatura de vanguardia, terminó consiguiendo su éxito y prestigio internacional, finalizando sus últimos años de vida en Francia. En Polonia es uno de los representantes máximos de la literatura nacional. En Argentina, donde escribió la mayoría de su obra, paradójicamente es casi un desconocido fuera de los círculos intelectuales. De esa contradicción es que nace el Congreso Gombrowicz, para reivindicar su obra.

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Ilustración de Christian Montenegro, texto de Enrique Vila-Matas.

La gráfica de Witolda se aleja bastante del concepto de revista literaria, ¿cómo crees que la tomó el público que lee ese tipo de formatos?

JR: Primero que nada, el trabajo era convencer a los demás integrantes del Congreso, la mayoría perteneciente al mundo de las letras, de hacer una propuesta como esta. La recepción estuvo dividida. Para los más clásicos esto presentaba una clara tensión. Para los demás era una oportunidad de hacer algo distinto. Los primeros leyeron esa tensión como algo positivo y con el tiempo aprendieron a quererla. Cuando presentamos la revista en la Biblioteca Nacional de Argentina, advertimos al público diciendo que era una revista provocadora por su diseño y sus colores estridentes, incómoda por su formato (pensando en las bibliotecas hogareñas), pero ante todo comprometida con aquello que tanto preocupaba a Gombrowicz: el tema de la forma. ¿Cómo romper las formas establecidas? ¿Cómo crear nuevas? Y eso fue algo que tuvimos presente durante todo el proceso de la revista, preguntándonos cómo debía verse una revista literaria y por qué.

¿Cuáles son los próximos pasos del Congreso Gombrowicz? ¿Habrá nuevas ediciones, ya sea de revistas u otros formatos?

JR: El 2018 nos encuentra trabajando en un documental que venimos preparando ya hace un tiempo sobre cómo se lee su obra hoy en día. Empezamos a idearlo y a producirlo en el 2014, cuando realizamos el 1er Congreso Internacional, y ahora estamos enfocados en eso. Pero seguramente nuestro proyecto más importante y visible para este año va a ser el premio de novela “Witold Gombrowicz”, que vamos a lanzar, y que ya cuenta con jurado de lujo y premio más que interesante. Todas estas novedades se irán contando en las redes del Congreso. Por último, y en paralelo ya estamos ideando el 2º Congreso Internacional para el 2019, que todavía no tiene forma y que puede terminar de la manera más deforme y menos imaginada. Eso, creo, es lo más alucinante de este colectivo: uno tira una idea ridícula y ambiciosa y los otros redoblan la apuesta.

Witolda busca ser atemporal, según sus editores. Si bien existen destacados proyectos editoriales del universo literario en Argentina, de Las Ranas (prodigiosa edición y materialidad, de exquisita realización) a La Mujer de Mi Vida (de colección), de Otra Parte (recordada en su versión impresa, refundada en su versión online) a inumerables fanzines de autogestión, Witolda representa un antecedente singular en términos editoriales, entre ellos, que inicialmente consta de una edición única, con características de artefacto inusual y contenidos desafiantes, como hubiese deseado Witold Gombrowicz con un guiño insolente.

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Ilustración de Cristian Turdera, texto de Jerzy Jarzebski.

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Ilustración de Rep.

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Tapa de Javier Reboursin.

 

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