Alfonso Simón Montiel recorre en Los anónimos. Una historia del diseño gráfico a orillas del Mediterráneo el nacimiento del diseño gráfico en Málaga a través de envases, anuncios, carteles e ilustraciones cuyos autores rara vez dejaron su nombre. Publicado por Jardín de Monos, el libro convierte estas piezas cotidianas en documentos para comprender la transformación industrial, comercial y cultural de la ciudad entre el siglo XIX y las primeras décadas del XX.
Os podemos asegurar que este libro, a los amantes de la historia y el diseño os va a enganchar desde la primera página. La investigación de Alfonso Simón se adentra en una zona poco atendida de la cultura visual: los impresos comerciales que acompañaron la modernización de Málaga y que, por su carácter efímero, apenas encontraron sitio en archivos y museos. No fueron concebidos como obras destinadas a perdurar, sino como herramientas para identificar productos, atraer compradores y competir en un mercado cada vez más amplio.
Alfonso es profesor de la escuela la EASD San Telmo de Málaga. Y lo que fue su tesis doctoral (Los orígenes del diseño gráfico en Málaga (1820-1931). Nacimiento y evolución de una herramienta de comunicación) se ha convertido ahora en un libro pensado más para un lector no tan académico. Realmente ha convertido una tesis en una exquisita novela sobre Málaga y los creadores de esa época. Una novela con sus personajes y sus pequeñas e inmensas historias que recorrienron los talleres de imprenta.
Málaga sirve como territorio de investigación para explicar un proceso que desborda los límites de la ciudad. Durante el siglo XIX, la industria, el comercio y la actividad portuaria impulsaron una profunda transformación económica. El aumento de la producción y de la competencia obligó a las empresas a diferenciar sus mercancías: ya no bastaba con fabricarlas, también era necesario identificarlas, presentarlas y hacerlas deseables.
Aquellos materiales permiten observar cómo las empresas comenzaron a construir una imagen propia y cómo litógrafos, dibujantes, grabadores e impresores resolvían problemas de composición, tipografía, color y jerarquía cuando la expresión «diseño gráfico» todavía no servía para definir su trabajo.
El envase adquirió entonces una función que iba mucho más allá de contener o proteger. Su superficie se convirtió en un espacio de comunicación donde convivían nombres comerciales, ilustraciones, ornamentos, tipografías y mensajes destinados a transmitir procedencia, calidad o prestigio. Muchas de aquellas decisiones anticipaban lo que hoy reconocemos como diseño gráfico.
Diseñar antes de que existieran los diseñadores
Los responsables de esa producción eran litógrafos, dibujantes, grabadores, impresores e ilustradores vinculados a talleres y establecimientos comerciales. Trabajaban por encargo, resolvían necesidades concretas y aplicaban conocimientos técnicos y visuales, pero rara vez firmaban sus piezas.
El título del libro reivindica a esos profesionales sin nombre. Frente a una historia basada exclusivamente en autores consagrados, el volumen plantea una mirada más amplia, capaz de reconocer el valor de una producción colectiva, funcional y estrechamente relacionada con la vida diaria.
Alfonso Simón conecta la publicidad y los envases con el entorno económico y social que los hizo posibles. Una etiqueta informa sobre las técnicas de impresión disponibles, pero también sobre la aparición de nuevos hábitos de consumo. Un anuncio muestra cómo se ofrecía un producto, aunque al mismo tiempo revela qué aspiraciones, prejuicios o modelos de vida circulaban en aquel momento.
Por las páginas del libro pasan imprentas, fábricas, comercios y periódicos, pero también personajes que permiten asomarse a una Málaga menos solemne y más viva: pintores adictos al opio, tejedoras que reclamaban sus derechos, empresarios atentos al poder de la publicidad o bailarines de charlestón. La cultura gráfica funciona como un hilo del que tirar para descubrir una historia urbana hecha de trabajo, consumo, ocio y conflicto.
Cuando era adolescente, Alfonso Simón visitó la casa de Joaquín Gutiérrez, un litógrafo que había trabajado en Málaga a comienzos del siglo XX. Lo hizo junto a su madre, Amelia, y Juan Lafita, docentes de la Escuela de Arte San Telmo, que acudieron al edificio para rescatar fotografías, documentos, herramientas y litografías antes de que el deterioro de la vivienda acabara con ellos.
De las cajas de pasas al unboxing
Uno de los pasajes del libro aborda la evolución de los envases y su papel dentro del comercio electrónico. En una compra realizada a través de una pantalla, el embalaje pierde la capacidad de intervenir en la elección frente al lineal, pero recupera protagonismo cuando el pedido llega a casa.
El fenómeno del unboxing, convertido en un formato audiovisual con millones de visualizaciones, demuestra hasta qué punto abrir un paquete forma parte de la experiencia que ofrece una marca. La distancia entre una caja de pasas malagueña de hace más de un siglo y un embalaje diseñado para aparecer en Instagram o YouTube es menor de lo que parece. Cambian las tecnologías y los canales, pero permanece la voluntad de seducir al consumidor mediante la presentación visual del producto.
El libro cuenta con 180 páginas y reproduce 44 ilustraciones en cuatricromía. La edición, publicada en rústica con solapas, incorpora una cubierta serigrafiada a dos tintas sobre una cartulina azul de 450 gramos.
Disponible en nuestra tienda y showroom.
