¿Puede hablar una escultura barroca en la era de las imágenes artificiales?

El artista mallorquín ha ganado la primera edición de LA MULTIKANAL con una videoinstalación que conecta la escultura barroca, la performance y los experimentos audiovisuales de José Val del Omar. La obra podrá verse del 24 de septiembre al 22 de noviembre en el Centre del Carme de València.

El Centre del Carme acogerá este otoño la obra ganadora de la primera edición de LA MULTIKANAL, una nueva convocatoria nacional dedicada al videoarte impulsada por la revista valenciana MAKMA y la Asociación de Profesionales para la Acción Cultural Contemporánea, APACC, con el apoyo del Consorci de Museus de la Comunitat Valenciana.

Joan Morey lleva décadas explorando las relaciones entre el cuerpo, la autoridad y las estructuras de poder mediante performances, vídeos e instalaciones. En sus trabajos, los intérpretes suelen seguir instrucciones, ocupar posiciones concretas o quedar sometidos a distintos protocolos. En esta ocasión, esa investigación se traslada a unos cuerpos inmóviles que fueron creados para transmitir fe, emoción y obediencia.

LA MULTIKANAL nace para dar espacio a proyectos audiovisuales difíciles de reducir a una pantalla convencional. Su primera edición deja una propuesta que conecta historia del arte, cine experimental y tecnologías contemporáneas sin necesidad de convertir la visita en una clase académica.

La pieza seleccionada es ANTONIO, JESÚS, MAGDALENA, MARÍA, NICOLÁS, TERESA (ensayo audiovisual para una voz ausente), del artista mallorquín Joan Morey. El proyecto ha sido elegido entre más de medio centenar de propuestas y cuenta con una dotación de 5.000 euros destinada a sus honorarios y a la producción de la obra.

El resultado podrá verse del 24 de septiembre al 22 de noviembre en la Sala Contrafuertes del Centre del Carme. Será una videoinstalación multicanal concebida para ocupar el espacio y envolver al visitante a través de imágenes, sonido y performance.

Morey trabaja con varias esculturas barrocas conservadas en el Museo Nacional de Escultura de Valladolid. Son imágenes religiosas, cuerpos detenidos en un gesto, una mirada o una expresión que llevan siglos intentando comunicar algo sin pronunciar una sola palabra.

A partir de estas figuras, el artista plantea una especie de reencarnación performativa. Los personajes representados en las esculturas son trasladados a cuerpos contemporáneos, registrados mediante procedimientos audiovisuales y distribuidos en una instalación compuesta por varios canales. Antonio, Jesús, Magdalena, María, Nicolás y Teresa dejan de ser únicamente nombres ligados a la iconografía religiosa y se convierten en presencias que parecen observar, escuchar o tratar de hablar al espectador.

No se trata de animar las esculturas como si fueran personajes digitales. La obra se mueve en un terreno más ambiguo, entre la representación, la tecnología y la memoria. Morey busca activar lo que define como una «voz ausente»: la sensación de que aquellas imágenes históricas quieren decir algo, aunque nunca lleguemos a escucharlo del todo.

La huella de Val del Omar

Una de las referencias centrales del proyecto es Fuego en Castilla, la película experimental que José Val del Omar realizó a finales de los años cincuenta utilizando precisamente esculturas religiosas del museo vallisoletano.

Val del Omar iluminó las figuras con luces pulsantes, sombras y destellos que parecían hacer vibrar la madera y la piedra. La imagen permanecía quieta, pero la luz conseguía que los cuerpos parecieran respirar, moverse o estremecerse. A estas investigaciones las llamó «visión táctil», una forma de entender el cine no solo como algo que se contempla, sino como una experiencia física.

Morey retoma ahora aquella idea y la traslada a un presente dominado por pantallas, voces sintéticas, imágenes generadas y nuevas formas de mediación tecnológica.

La cuestión resulta especialmente pertinente en un momento en el que cualquier rostro puede ser animado, cualquier voz puede ser reconstruida y cualquier imagen puede hacerse pasar por otra cosa.

Durante dos meses, el Centre del Carme ofrecerá una instalación que pone en relación el patrimonio barroco con debates muy actuales sobre quién habla, quién es escuchado y hasta qué punto podemos confiar en aquello que vemos.

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